3 de abril de 2020

LA FAMILIA THIERS


ORÍGENES DOCUMENTADOS, DESCENDENCIA EN CHILE
Y SU RELACIÓN CON OTRAS FAMILIAS DE COLONOS ALEMANES

En el contexto de las investigaciones sobre genealogía e historia familiar que me ha tocado realizar, siempre suelen aparecer hallazgos interesantes que normalmente cambian la visión o las creencias que suelen heredarse de generación en generación, pasando a constituir verdaderas leyendas familiares o al menos resultan ser paradigmas con los que se debe convivir.

Lo que más me ha llamado la atención estos últimos años, es la relación familiar, de amistad o de vecindario que existió entre algunos de los inmigrantes que llegaron en el proceso de colonización alemana del sur de Chile. Pensar que cada familia llegó por su cuenta y luego de establecidos en su lugar de destino recién entablaron amistades o relaciones, es uno de esos errores u omisiones que no siempre son analizados en su verdadero contexto. Un ejemplo de ello es el caso de la familia THIERS y su relación familiar con otros pioneros que se establecieron en distintos lugares del país.

Aunque la primera vez que me encontré con este apellido fue en el trabajo de mi tío Alberto Neumann en 1988, no le puse mayor atención en mi búsqueda posterior, salvo la descendencia de mi tía bisabuela Bertha Neumann Klaas y su marido Carlos Thiers Püschel, siendo él hijo del colono Cristino Thiers y de Ernestina Püschel Felsmann. Más allá de esos datos, no fueron de mi interés los antecedentes del origen de esa familia.

Más tarde, al encontrar un suplemento del Diario Austral de Temuco, referente a familias de la Araucanía editado el año 2010, en donde se menciona que don Carlos Thiers Püschel era hijo de Cristino Thiers LOTH. En ese instante se despertó mi curiosidad, ya que precisamente el apellido materno de don Cristino era el mismo apellido materno de la mamá de mi tatarabuelo: Dorothea Püttcher LOTH.

Sospeché de inmediato alguna relación familiar, debido a que ese apellido no era muy común en Alemania y además se conectaron algunos antecedentes sueltos que había leído. Específicamente un par de líneas en el diario de mi tatarabuelo Ludwig Neumann Püttcher, relatando parte de un evento ocurrido en su niñez en el año 1840: “… apareció el cuñado TIER, el esposo de la hermana de mi madre, que había enviudado hace un tiempo…” Esa primera pista me convenció de la existencia de una relación familiar por línea materna entre mis ancestros y la familia THIERS. Sin embargo, pasarían muchos años antes de ver resuelta la interrogante.


“…erschien der Schwager Tier. es wahr meine Mutters Schwesters Mann. er wahr schon einige zeit Witwehr…”
Revisé varios artículos chilenos referentes a la familia THIERS en donde destaco el blog http://losthiersenlaaraucania.blogspot.com/ del año 2009, basado en una entrevista a Hernán Thiers Díaz, de donde pude extraer algo más de información:
“A finales del año 1855 hace su llegada a Chile en el barco “Reiherstieg” (Cristino Thiers Loth viaja a Chile en el “Hermann” en el año 1854 y es su hermana Dorothea quien viaja junto a su familia en el “Wandrahm” en 1856) un joven Prusiano de profesión Técnico Cervecero, llamado Christian Thiers Loth. En su largo viaje a Chile solo lo acompaña su hermana Dorotea Elizabeth Thiers.”

“Al primer lugar que llega en Chile es en la provincia de Valdivia, luego se traslada a Puerto Montt donde ejerce de agricultor en una chacra que adquiere en la localidad de Chamiza.”

“En 1859 contrae matrimonio en Puerto Montt con doña Hernestine Püschel Felsman, ella al igual que él es natural de Prusia.”

“Los Thiers vivieron en Francia, eran protestantes, en el contexto de las persecuciones religiosas emigraron a Alemania. Ahí nace una rama alemana en la familia Thiers. Específicamente en el lado norte alemán. Aún en Francia quedan viviendo Thiers. No así en Alemania (Ese dato es incorrecto. Aún viven muchos Thiers en Alemania).”

“En 1860 aproximadamente (específicamente 1854), llega Cristian Thiers Loth a Valdivia, él era técnico cervecero, luego se va a Puerto Montt e instala una fábrica de cerveza., un hotel y compró una chacra en el sector de Chamiza. Ahí tuvo varios hijos. Dos de esos hijos se vinieron a esta zona (Imperial, Carahue), Carlos, quién se avecindó en Nueva Imperial, y Enrique que se vino a Carahue.”
Más allá de esa información y resumiendo años de búsqueda infructuosa o pistas sin ningún valor documental, dejé de lado la opción de investigar respecto del apellido THIERS hasta que en 2012 me contactó el investigador Mauricio Hipp para solicitarme antecedentes de la descendencia Thiers Neumann, para su libro “Familie Püschel 1856 – 2012”.

Nuevamente intentamos encontrar algún documento de Alemania que vinculara al misterioso “cuñado Tier” con el colono Cristino Thiers Loth, pero tampoco tuvimos suerte. La única fuente documental adicional respecto de esa familia era un libro conmemorativo de la reunión de los THIERS en Puerto Octay realizada el año 2000, en donde se indica en una bella prosa, el origen francés de la familia, el viaje de Cristino y su hermana Dorothea a Chile y el posible vínculo de la familia con el político francés Adolphe Thiers (1797 – 1877), el cual desde el punto de vista genealógico, al no existir documentación fundante, carece de todo sustento, más allá del alcance del apellido.

Posteriormente, en el documento “Casa Thiers, sede del Museo Regional de la Araucanía” de Carlos García Reske y de Cristian Rodríguez Domínguez (https://docplayer.es/76508873-Casa-thiers-sede-del-museo-regional-de-la-araucania.html), se indica lo siguiente:

“El apellido Thiers proviene del poblado francés del mismo nombre. Luego de la revocación del edicto de Nantes en el siglo XVII, la familia debió huir hacia Alemania, como la mayoría de los hugonotes, quienes se radicaron principalmente en Suiza, Inglaterra, Prusia y los Países Bajos.”

“En octubre de 1854, el joven tonelero prusiano Christian Thiers Loth (1829-1897) y su hermana Dorothea llegaron a Valdivia desde Hamburgo, a bordo del barco Hermann.” Se repite el error de creer que los hermanos Thiers Loth llegaron juntos en el mismo barco.

“En 1856, Christian y Dorothea se trasladaron a la zona de Chamiza en Puerto Montt, donde recibieron la chacra N°2, en la que abrieron una fábrica de cerveza y, luego, un pequeño hotel. Tres años más tarde, Christian se casó en Puerto Montt con Ernestine Püschel Felsmann, también de origen prusiano, con quien tuvo cinco hijos.”

Entonces, para desentrañar el esquivo origen de don Cristino Thiers Loth, recurrí a las fuentes documentales conocidas, la primera, los “Documentos sobre la Colonización del sur de Chile” de Emilio Held Winkler, quien indica claramente que Christian Thiers viajó en el velero “Hermann” en 1854 y su hermana Dorothea, en el “Wandrahm” en 1856.

No existe una lista de pasajeros específica del Hermann en su viaje de 1854, pero sí aparece Christian THIER en el índice de ese año, indicando como destino la ciudad de Valdivia y su origen en la localidad de GROTTLEBEN en Prusia.


Los otros documentos fundantes respecto de don Cristino Thiers son el registro de matrimonio con Ernestine Püschel el 27 de julio de 1859 en Puerto Montt, y el registro de defunción emitido en la ciudad de Carahue, región de la Araucanía, indicando su fallecimiento en la misma ciudad el 15 de abril de 1897. Esta defunción la inscribió su hijo Carlos Thiers Püschel, comerciante en la ciudad de Nueva Imperial.

Registro de matrimonio de Cristino Thiers y Ernestina Püschel, Puerto Montt, 27 de julio de 1859.

En este registro se indica claramente que los padres de Cristino son Cristino Thiers y Dorotea LOTT.

Registro de defunción de Cristino Thiers, emitido por el Registro Civil de Carahue el 16 de abril de 1897.

En este registro de defunción, sin embargo, aparece una inconsistencia respecto del apellido materno de don Cristino. Su hijo Carlos lo inscribe como VÜMEISTER y no como LOTH. Incluso en la placa que se encuentra en su tumba en el cementerio de Carahue, puede leerse claramente el nombre Cristino Thiers VIMEISTER.



Entonces, ¿cuál era el apellido materno de Cristino Thiers?

Ya era hora de recurrir a los archivos alemanes en búsqueda de documentos fundantes que determinaran el origen de los Thiers en Chile.

Lo primero, buscar en la localidad de GROTTLEBEN en Alemania. Según el documento de Emilio Held, está ubicada en la zona de Magdeburg, así es que busqué todo lo referente a ese lugar en mapas antiguos y en información complementaria en la web y…

… no encontré en ninguna parte algún lugar llamado Grottleben, salvo un castillo en ruinas en las orillas del lago Constanza en la frontera con Suiza. Nada en la zona de Magdeburg.

Asumiendo que el nombre del lugar estaba mal escrito, repetí la búsqueda en los alrededores de Magdeburg y lo más parecido que encontré fue una aldea llamada GROBLEBEN, distante a poca distancia de la ciudad de Stendal, al norte de Magdeburg.



Utilizando la herramienta de búsqueda de registros de la página FAMILYSEARCH, pude acceder a los registros de Grobleben entre 1808 y 1874, margen de tiempo prudente que pudiera buscar datos de don Cristino.



Revisé concienzudamente cada uno de los registros de los libros de nacimientos, matrimonios y defunciones de Grobleben, hoja por hoja, línea por línea y…

… no encontré a ningún THIERS…

PERO… anteriormente, en mi investigación sobre los NEUMANN de Stendal, además del mencionado diario de mi tatarabuelo, había encontrado otro documento que mencionaba el apellido THIER, por lo que lo revisé con más atención. Se trata del registro de nacimiento de Friedrich, hermano mayor de mi tatarabuelo, el 26 de abril de 1827, hijo de Jacob Neumann y de Dorothea Püttcher LOTH. En dicho documento se indica como padrino y testigo al maestro sastre Christian Thier, domiciliado en el pueblo de HÜSELITZ, situado a unos pocos kilómetros de Grobleben.

Registro de nacimiento de Friedrich Neumann, Stendal, Magdeburg, 26 de abril de 1827. Corresponde al número 17.


Detalle de padrinos y testigos del bautizo de Friedrich Neumann. En el número 6, Christian Thier, Schneidermeister in HÜSELITZ.

Y precisamente ese era el lugar.

Utilizando la misma metodología, revisé los documentos de Hüselitz entre 1808 y 1874, y como era de esperar, encontré a varios THIER inscritos en los registros de nacimiento, matrimonio y defunción, por supuesto, también a nuestro Cristino con su nombre completo en alemán, Johann Christian Thier, nacido el 8 de junio de 1829, hijo de Johann Christian Thier y de Friederike Dorothea Lucie LOTH, confirmando lo indicado años más tarde en su registro de matrimonio de Puerto Montt.


Registro de nacimiento de Cristino Thiers Loth, Hüselitz, distrito de Stendal, Magdeburg, 8 de junio de 1829. Claramente se ve en el número 4 del registro de padrinos y testigos a Jacob Neumann de Stendal, padre de mi tatarabuelo.

Respecto de la localidad de Hüselitz, su mención más antigua data del año 1242 en el “Codex Diplomaticus Brandenburgensis” de Adolph Friedrich Riedel, como una parroquia perteneciente a la doctrina de Stendal, construida sobre ruinas romanas. La zona fue poblada por diversas tribus germanas y eslavas, destacándose los antiguos Wenden o eslavos de habla alemana.




Actualmente la ciudad pertenece al distrito de Tangerhütte, siendo su actividad principalmente la agricultura.

En libros de registro de la iglesia de esta ciudad encontré el matrimonio de Christian Thier con Dorothea LOTH con fecha 3 de marzo de 1822.

Registro de matrimonio de Johann Christian Thier y Friederike Dorothea Lucie Loth, Hüselitz, distrito de Stendal.

En el documento se puede leer que el novio de 21 años es hijo del obrero Johann Christian Thier y de Anna Dorothea Möring y que para esa fecha su padre estaba fallecido.

Por otro lado, en las anotaciones correspondientes a los padres de la novia, estaba la pista faltante que me llevaría a determinar la relación entre las familias Thiers y los Neumann de Stendal.

El texto se traduce como “hija extramatrimonial de Marie Dorothee LOTH, actualmente esposa de Andreas Borstel en Lüderitz.”

Y precisamente a esta Maria Dorothea LOTH sí la conocía perfectamente. En efecto, se trataba de la abuela materna de mi tatarabuelo Ludwig Neumann Püttcher y que se había casado en Stendal con el mencionado Andreas Borstel.

Registro de matrimonio de Andreas Borstel y Marie Dorotea LOTH, Stendal, 23 de octubre de 1818.

En ese registro de matrimonio existe otra anotación referente a la novia, que es la siguiente:

Geschieden von dem Tabakkspinnermeister, Johann Friedrich Viehmeister am Tangermündes Thor der sich im Jahr 1813 wieder verheiratet hat. “Divorciada del maestro hilandero de tabaco Johann Friedrich Viehmeister, quien se casó nuevamente en 1813.”

Precisamente esta nota nos daría una nueva línea de investigación y que vincularía a la familia Thiers, no solamente a los Neumann de Stendal, sino que también a la familia VYHMEISTER, ya que el padre del colono Johann Friedrich Vyhmeister avecindado en Puerto Varas efectivamente contrajo matrimonio en la ciudad de Stendal el 22 de agosto de 1813.

A pesar de haberse casado con Andreas Borstel, Dorothea Loth falleció usando el apellido Viehmeister, como se comprueba en su registro de defunción, fechado en la ciudad de Stendal el 24 de diciembre de 1840.

Registro de defunción de Marie Dorothea Loth, St. Jacobikirche, Stendal.

Esa es también la razón de por qué la defunción de Cristino Thiers fue inscrita con el apellido materno “Vimeister” y no “Loth”.

De los otros documentos encontrados en Hüselitz, se destacan los siguientes, en orden cronológico:

- 14 de octubre de 1819; defunción de Johann Christian Thier, abuelo de Cristino.



- 28 de julio de 1822, nacimiento de Dorothea Elisabeth Thiers, hermana de Cristino.



- 22 de diciembre de 1837, defunción de Friederike Dorothea Lucie Loth, madre de Cristino.


Este documento corrobora lo afirmado por mi tatarabuelo en 1840, quien indicó que el cuñado de su padre, de apellido Thier, había enviudado hacía poco tiempo.


- 20 de julio de 1842, matrimonio de Dorothea Elisabeth Thiers, hermana de Cristino, con Carl Daniel Reppin.



- 13 de abril de 1841, nacimiento de Dorothea Elisabeth Reppin, quien viajó a Chile con sus padres en 1856.



- 3 de marzo de 1854, defunción de Johann Christian Thiers, padre de Cristino.


Ese mismo año, luego de la muerte de su padre, Cristino Thiers decide emigrar hacia Sudamérica, embarcándose en Hamburgo en el velero "Hermann", con destino a Valdivia.

Por supuesto, hay muchos otros documentos referente a la familia Thiers en Hüselitz, incluyendo primos, tíos y otros ancestros de Cristino, pero de ellos rescaté los más relevantes para esta investigación.

A la fecha, solamente he podido encontrar a seis de los ocho bisabuelos de Cristino Thiers, indicados en el siguiente árbol genealógico.



Marie Dorothea Loth. Matriarca de tres familias.

Marie Dorothea Loth, es el punto de inicio de una larga descendencia de familias alemanas establecidas en distintas partes de Chile. Nacida en la localidad de Nahrstedt, distrito de Stendal, Magdeburgo, al parecer fue una dama bastante adelantada a su época, por cuanto además de poseer propiedades, siendo dueña de la casa 756 en la Viehthor Strasse en la ciudad de Stendal, también se preocupó de acoger a su progenie cuando ésta pasaba por dificultades económicas, o para atender sus necesidades de afecto. Esto se puede corroborar la revisar los censos de población, en donde se observa un desfile de parientes viviendo en la casa, con el correr de los años.

Su casa pasó finalmente a ser propiedad de la familia Neumann Püttcher, la cual fue vendida en 1859 para costear el viaje a Chile de todo el grupo familiar, compuesto por los padres, Johann Jacob y Dorothea, sus cuatro hijos, Friedrich, Wilhelmine, Ludwig y Julius con sus respectivos cónyuges, y sus nietos, Wilhelmine, Anna, August, Ludwig y Julius.

La descendencia de Marie Dorothea Loth puede extenderse hasta la actualidad y se centra en tres de sus cinco relaciones de pareja que he podido rastrear hasta hoy.

1.- Matrimonio con Johann Heinrich Friedrich Buettcher. De esta relación nació una hija, Marie Dorothea Püttcher Loth, quien se casó en 1816 con Johann Jacob Neumann Raneberg, quienes a su vez emigraron a Chile en 1859, estableciéndose en la colonia Humán en Los Ángeles, con descendencia en las familias Neumann, Kröll, Schulz, Weldt, David, Pfau, una rama de los Klapp, Bishop, entre otros.


2.- Una relación extramatrimonial de la cual nació Friederike Dorothea Lucie Loth, esposa del sastre Johann Christian Thiers, con quien tuvo dos hijos que emigraron a Chile, Cristino Thiers en 1854 y Dorothea Elisabeth Thiers en 1856, estableciéndose en Puerto Montt. Ambos hermanos dejaron descendencia en las familias Thiers, Reppin, Braemer, Temme, Messing, Keim, Valentin, Berndt, entre otros.


3.- Matrimonio con Johann Friedrich Viehmeister, con quien tuvo dos hijos, Catherine Elisabeth y Johann Friedrich Viehmeister Loth. Este último emigró a Chile junto a su esposa y sus hijos en 1856, estableciéndose en Puerto Varas, con descendencia en las familias Vyhmeister, Dietz, Frindt, Meissner, Kowald, Nickelsen, Michael, entre otros.


De estas tres ramas familiares, tenemos una numerosa descendencia que en términos numéricos, 1.379 personas corresponden a la familia Thiers, 1.683 a la familia Vyhmeister y 3.060 a la familia Neumann de Los Ángeles, sumando a 6.122 personas a la fecha.

Gráfica del árbol genealógico de la descendencia de Marie Dorothea Loth, con 10 generaciones entre 1792 y 2020.

La investigación genealógica no solamente es una técnica de buscar y ordenar ancestros, nos permite el descubrimiento de una historia desconocida o más bien olvidada, cuyo afán ha sido salir a la luz nuevamente, dejando al descubierto una serie de antecedentes que nos permiten tener una vaga idea de cómo era la vida de nuestros antepasados, sus tribulaciones, penas y alegrías, su rol, por pequeño que fuese, en una sociedad tan distinta a la nuestra, con sus creencias y supersticiones, sus éxitos y fracasos tanto en lo familiar como en lo económico, habiendo sido testigos de plagas, guerras, cambios históricos, ya sea como protagonistas o como espectadores.

Hacer genealogía es acercar a una comunidad a un origen compartido, en donde no tienen importancia ni las creencias ni los dogmas que profesan los descendientes. Lo importante es saber que existe un vínculo de sangre que nos une y que, si hoy somos unos perfectos desconocidos, mañana podemos ser primos en tercer, cuarto, quinto o décimo octavo grado. Solamente falta descubrir el ancestro común.

En este caso, descubrir la descendencia de la abuela materna de mi tatarabuelo, me permitió generar un vínculo con más de seis mil personas, algunas pocas de las cuales ya conocía, pero hay muchas otras más por conocer, cada una con sus ideas, cosmogonías y tradiciones, propias de sus historias particulares, pero con las que de una u otra forma, sin saberlo, estamos unidos. A eso le podemos llamar con justificada razón, una verdadera Comunidad.

Aprovecho de agradecer a Fernando Thiers Huenchun, por darme la oportunidad, junto al equipo de la Sociedad Genealógica e Histórica de la Araucanía (HISGENEA), de participar en el encuentro 2020 de la familia Thiers, realizado en Carahue. Fue una experiencia gratificante conocer a mis “nuevos” parientes en esta búsqueda frenética de antepasados.


Araucanía, Abril 3 de 2020

1 de octubre de 2018

En búsqueda de los Rolack

Me encontré con este apellido bien temprano en mi vida, al preguntarle a mi papá por el nombre completo de mi abuelo allá por mediados de los años 70. Me indicó que se llamaba Gustavo Adolfo Neumann Rolack e inmediatamente lo incorporé a mi acervo cultural familiar. Luego, cuando aprendí a leer, lo vi en la lápida en donde descansan los restos de mis bisabuelos en el Cementerio General de Los Ángeles.

No mucho más tarde lo volví a encontrar en el nombre de Juana Rolack, la segunda esposa de mi abuelo, quien estuvo presente en varios momentos de mi niñez, y con el nombre de los únicos hermanos de mi abuelo que alcancé a conocer, los tíos Frida, Otto y Oscar Neumann Rolack.

De alguna manera que no recuerdo, se me enseño que la Tante Juana y mi abuelo estaban emparentados, pero nunca lo tuve muy claro. No se conversaba mucho del tema. Lo que sí entendí fue que existían más personas con ese apellido, pero que no conocía y aunque se les mencionó eventualmente en más de alguna conversación, nunca tuve el gusto de conocer a nadie que llevara ese nombre. El origen de esa rama de la familia estaba en un hermano de mi bisabuela Dorotea Rolack, llamado Cristóbal, quien había viajado desde Alemania junto a mi bisabuelo Luis Neumann Klaas cuando estuvo esos años por allá y en donde había conocido a la que sería su futura esposa.

Posteriormente, a fines de 1988 recibimos la visita del primo de mi papá, Alberto Neumann, quien estaba iniciando un proyecto de genealogía de la familia y nos entregó un borrador para que lo pudiéramos completar con información faltante. Recién ahí conocí los nombres de mis tatarabuelos Cristóbal Rolack y Sofía Wilke, padres de Cristóbal y Dorotea, pero no había ningún antecedente sobre su ciudad de origen, por lo que no les dediqué más tiempo en mis investigaciones genealógicas.

20 años más tarde, en la celebración de los 150 años de la colonización alemana de Humán, tuve la suerte y gusto de conocer a varios Rolack, donde destaco a Lorena Rolack por su generosidad en compartir conmigo varios datos de la familia. Y ahí surgió la primera controversia. Según lo que ella había averiguado, el apellido materno de su ancestro Cristóbal era Schulz y no Wilke. Entonces, surgieron varias dudas y conjeturas. ¿Cristóbal y Dorotea eran hermanos solamente de padre y no de madre? ¿Se equivocó el tío Alberto en su investigación? Eso habría sido raro, ya que él entrevistó directamente a los hermanos de mi abuelo. Ya era hora de poner al día la investigación genealógica sobre la familia Rolack en Chile.

Al ya no estar vivos los hermanos de mi abuelo, el primer entrevistado sería el hermano mayor de mi papá, el tío Gustavo Neumann Kröll, quien me confirmó el apellido materno de Dorotea y Cristóbal: WILKE. Además, me nombró a los hijos de Cristóbal. Sin embargo, cuando en 2012 pude tener acceso a los documentos en línea del Archivo Nacional, encontré la posesión efectiva de los bienes de Cristóbal Rolack “CHULK” y Federica “BACLER MITER”, fechada el 26 de julio de 1929. Evidentemente, algunos apellidos estaban mal escritos (Schulz, Bächler y Schmieder), pero el documento era categórico en indicar que el apellido materno de Cristóbal era SCHULZ y no WILKE. Lo bueno del documento fue que corroboró los nombres de los hijos de Cristóbal, que años antes me había indicado el tío Gustavo.

PERO, encontré el registro de matrimonio fechado en la circunscripción de Lumaco el 31 de diciembre de 1889, de Cristóbal 2° Rolack y Federica Bächler en donde se mencionan los nombres de los padres de ambos. En el caso de nuestro estudio, los padres del novio se llamaban Cristóbal Rolack y Sofía WILKE.
Esta información la corroboré más tarde cuando Mónica Neumann Muñoz me facilitó el carné de identidad de su abuela Dorotea Rolack, donde hace clara mención de los nombres de sus padres (Cristóbal Rolack y Sofía Wilke) y además, la ciudad de origen de la familia: SALCHAU.

Bueno, ¿al final era Schulz o Wilke?

La duda me fue aclarada cuando encontré el registro de defunción fechado en Los Ángeles el 8 de abril de 1896, en donde el molinero Cristóbal Rolack de 36 años de edad, inscribe el fallecimiento de su padre Cristóbal Rolack de 67 años de edad, viudo de Sofía WILKE y también declara que el fallecido era hijo de Cristóbal Rolack y de María SCHULZ. Es decir, Cristóbal Rolack Schulz era el padre y Cristóbal Rolack Wilke, su hijo.
Entonces, resuelto el misterio. En el documento de posesión efectiva confundieron los apellidos paternos de ambos Cristóbal, pero surgió otra interrogante: ¿En qué momento llegó a Chile el padre de Cristóbal y Dorotea Rolack?

Para despejar esa incógnita, debí recurrir a los listados de pasajeros de los barcos que zarparon de Hamburgo a Chile, con ciudadanos alemanes. Ahí encontré la lista de pasajeros del vapor Menes, que zarpó de Hamburgo el 11 de noviembre de 1882, en donde se anotan a Christoph Rolack, molinero de 27 años de edad, proveniente de Salchau, en Magdeburg, y a Dorothea Rolack, de 18 años de edad, de la misma ciudad, con destino a Chile.
Encontré otra lista de pasajeros, del Vapor Roma fechada el 30 de noviembre de 1887 en donde se indica como pasajeros a Johann Rolack, de 57 años de edad y a su esposa Sophie, de 67 años, provenientes de Salchau. Les acompañó su hijo Johann Rolack, molinero de 27 años de edad, todos con destino a Talcahuano. Se deduce que Cristóbal viajó de vuelta a Alemania a buscar a sus padres.
Resuelta otra interrogante al descubrir con ambas listas de pasajeros, la llegada a Chile de los padres de Cristóbal y Dorotea, y corroborar la ciudad de origen de los Rolack. Sin embargo había un detalle en la lista del vapor Roma: a los varones se les indica con el nombre de pila de JOHANN, por lo que asumí que ambos se llamaban Johann Christoph (Juan Cristóbal).

Al tener certeza que mi tatarabuela Sofía Wilke había viajado a Chile, comencé la búsqueda de su registro de defunción, puesto que en el de su marido éste era sindicado como viudo. Efectivamente, lo encontré fechado en Los Ángeles el 14 de febrero de 1888, pero no aparecían los nombres de sus padres, ya que quien inscribió la defunción fue su yerno Luis Neumann Klaas y lo más seguro era que no supiera.
Más allá de eso, no pude averiguar. Salchau desapareció del mapa cual pueblo fantasma, ya que en 1937 todos sus habitantes fueron reubicados en los pueblos aledaños y sus edificaciones incorporadas a las bases militares que estaban alrededor, las que fueron bombardeadas en la Segunda Guerra Mundial, perdiendo la pista de todo vestigio de la existencia del pueblo.
¿Qué pasó con los registros? No tuve cómo averiguarlo hasta  2017, cuando Mónica Neumann Muñoz me facilitó un certificado de nacimiento de su abuela Dorotea, emitido en la ciudad de LETZLINGEN. Ahí descubrí que todos los registros de Salchau estaban allá y fue precisamente hacia donde dirigí mi búsqueda, pero no pude tener acceso a ellos recién hasta hace un par de semanas.

Los registros de Letzlingen están en línea solamente entre 1808 y 1874, por lo que es bastante limitada la búsqueda. Sin embargo, de los Rolack pude encontrar lo siguiente:

1) Registro de confirmación de Johann Christoph Rolack el 29 de marzo de 1874.

2) Registro de nacimiento de Marie Karoline Dorothea Rolack el 8 de junio de 1864, tal cual lo indicaba el certificado que enviaron a Mónica de Alemania.
3) Registro de nacimiento de Johann Christoph Rolack, el 13 de diciembre de 1859.
4) Registro de nacimiento de una hermana mayor que Cristóbal y Dorotea, llamada Anna Marie Sophie Dorothea Rolack, nacida el 23 de marzo de 1857.

5) Registro de nacimiento de un hijo muerto el 25 de enero de 1852. No le alcanzaron a poner un nombre.

En todos esos documentos aparecen como padres Johann Christoph Rolack y Marie Sophie Wilke. Sin embargo, del apellido Rolack fue lo único que encontré en Salchau o en Letzlingen, y como no había nada más, busqué los registros del apellido Wilke en la misma ciudad. Ahí encontré un par de datos más que orientaron mi búsqueda:

1) Registro de matrimonio de Wilhlem Ferdinand Wilke, zapatero en Neuhaldensleben, el 15 de noviembre de 1861. Se indica como hijo de Sophie Wilke y padre desconocido, nacido el 20 de febrero de 1844. Es decir, Marie Sophie Wilke tuvo un hijo siendo soltera.

2) Registro de defunción de Marie Karoline Wilke, el 19 de marzo de 1858, nacida el 23 de abril de 1844, hija de Dorothea Elisabeth Wilke, quien había fallecido en Lüderitz. Lo curioso de este registro fue que en las observaciones se indica como padres tutores a Christoph Rolack y a Sophie Wilke y a cinco hermanos: Ferdinand, Friedrich, Dorothee, Gustav y Marie.
3) De esta última, Marie Wilke, encontré el registro de confirmación del año 1867, pero indicaba su domicilio en Kolbitz.

La primera interrogante que me entregaron estos datos fue: ¿Qué haría que un matrimonio establecido, tomara bajo su tutela a 6 niños de otra mujer? La única respuesta que se me ocurrió fue que debían ser hermanas, por lo que reenfoqué la búsqueda en Lüderitz, pueblo que ya me era conocido porque de ahí son originarios los Neumann de mi rama.

Efectivamente, encontré el registro de defunción de Dorothea Elisabeth Wilke el 5 de octubre de 1855, dejando 6 hijos huérfanos y sus padres eran Johann CHRISTIAN Wilke y Dorothea Elisabeth Neumann.
Con esos antecedentes, busqué todo lo que pude de los Wilke en Lüderitz y encontré los siguientes documentos:

1) Registro de nacimiento de los 11 hijos de la mencionada Dorothea Elisabeth Wilke entre 1835 y 1853, todos sin padre conocido. De ellos sobrevivieron los 6 huérfanos adoptados por el matrimonio Rolack Wilke.

2) Registro de defunción de Johann CHRISTIAN Wilke el 17 de marzo de 1811, padre de Dorothea Elisabeth Wilke y esposo de Dorothea Elisabeth Neumann.

3) Registro de matrimonio entre Johann Heinrich Wilke con Dorothea Elisabeth Neumann, indicada anteriormente, el 26 de noviembre de 1813. Menciona a sus padres de ambos: Johann Martin Wilke y Dorothee Elisabeth Zandern, y Jacob Neumann y Dorothea Elisabeth Raneberg. Esta última era la hermana de Johann Jacob Neumann Raneberg, quien viajó a Chile con su familia en 1859 y se estableció en Los Ángeles.
Por la cercanía familiar, asumí que Johann Christian y Johann Heinrich eran hermanos, pero a la fecha no puedo comprobarlo, ya que necesito acceso a documentos anteriores a 1808.

4) Registro de nacimiento de Marie Sophie Wilke el 15 de julio de 1819, y sus hermanos Johann Christian, Marie Elisabeth, Catherine Dorothee, Anna Elisabeth, Anne Dorothee y Johann Friedrich, entre 1813 y 1827.
5) Registro de defunción de Johann Heinrich Wilke el 6 de mayo de 1836.

6) Registro de nacimiento de Wilhelm Ferdinand Wilke, el 20 de febrero de 1844, hijo de Marie Sophie Wilke, hija de Johann HEINRICH Wilke y Dorothea Elisabeth Neumann.

Con estos antecedentes demostré que mis bisabuelos Luis Neumann Klaas y Dorotea Rolack Wilke eran primos en segundo grado.

Pero ¿qué pasó con los Rolack?

Busqué por todas partes. Neuhaldensleben, Kolbitz, mencionados como posibles domicilios en los registros de Salchau. Seguí en Gardelegen, Ottersburg, Altenplathow, Elversdorf, Samswegen, Weteritz, Garlipp, Groß Schwarzlosen, en cuanto pueblo podían haber registros en línea y… NADA!!!

Hasta que en el mapa vi un pueblo un poco más alejado y más grande llamado Tangerhütte en el cual no había buscado, y ¡ahí estaban! Claro que en ese tiempo el pueblo se llamaba Väthen. De estos registros pude obtener los siguientes documentos:

1) Un matrimonio anterior que tuvo Marie Sophie Wilke con Johann Friedrich Köppe, el 10 de octubre de 1847.

2) Nacimiento de un hijo de ambos el 22 de enero de 1848, llamado Christoph Friedrich.

3) Defunción de Johann Friedrich Köppe el 20 de abril de 1848.

4) Matrimonio de Johann Cristoph Rolack con Marie Sophie Wilke, el 30 de noviembre de 1851. Los padres del novio: Johann Christoph Rolack y Catharine Dorothee HEILAND.
¿No habíamos quedado en que era SCHULZ?

Revisé de nuevo todos los registros pensando que se trataba de un error, pero no. ¿Serían otras personas con los mismos nombres? Tal vez, pero muy improbable por lo poco común de los apellidos. Definitivamente el apellido materno de Cristóbal Rolack “el viejo” fallecido en Chile era Heiland.

En el registro de matrimonio de Christoph Rolack y Sophie Wilke se indicaba que la madre del novio (Catharine Dorothee Heiland) había fallecido.

Seguí revisando en Väthen y encontré lo siguiente:

1) Registro de nacimiento de Cristóbal Rolack “el viejo” el 25 de marzo de 1829. Totalmente coincidente con la edad declarada en Chile al fallecer.
2) Registro de nacimiento de sus hermanas Dorothea Elisabeth y Anne Dorothee entre 1825 y 1831. En todos los documentos, la madre era de apellido Heiland. Ni rastros de Schulz.

3) Matrimonio de Johann Cristoph Rolack con Catharine Dorothee Heiland el 5 de junio de 1825. Se mencionan los padres de ambos: Johann Friedrich Rolack y Anna Elisabeth Pennigsdorf, de Väthen, y Johann Nicolaus Heiland y Anna Catharina Elisabeth Weyrich, de Salchau.
4) La defunción de Johann Christoph Rolack el 8 de junio de 1834.

Adicionalmente pude encontrar:

5) La defunción de Johann Friedrich Rolack el 30 de julio de 1812. En ella se menciona a su padre, Andreas Rolack, de la localidad de Schernebeck, cerca de Väthen.
6) La defunción de Anna Elisabeth Pennigsdorf el 25 de noviembre de 1819.
Seguimos la pista de los Heiland en Salchau, pero hasta ahora solamente he dado con los hermanos de Catharine Dorothee entre 1802 y 1815; y dos hermanos de Nicolaus.

Pero la incógnita sigue. ¿De dónde sacaron en Chile que el apellido materno de Cristóbal Rolack (el viejo) era Schulz?

No podía encontrar la defunción de Catharina Dorothee Heiland, pero lo que estaba claro era que había ocurrido entre 1834, cuando falleció su marido Johann Christoph Rolack, y 1851 cuando se casó su hijo.

Considerando que al fallecer Johann Christoph Rolack en 1834, sus hijos tenían entre 5 y 8 años, por lo que era lógico según la época, que la viuda se volviera a casar. Pensé. ¿No se habrá casado con alguien de apellido Schulz? Y busqué los registros de matrimonio de todos los Schulz (o Schulze) entre 1834 y 1851…

… y lo encontré.

El 7 de marzo de 1835, Catharine Dorothee Heiland se casó con Johann Christian Schulze y tuvieron 3 hijos entre 1835 y 1841. Del último hijo debió quedar muy debilitada, ya que falleció el 1 de diciembre de 1841 en Väthen, con el nombre de Cahtarina Dorothee SCHULZE.
Cuando Cristóbal Rolack Wilke inscribe el deceso de su padre en Chile en 1896, le preguntaron el nombre de los padres del fallecido. Evidentemente, como su abuela falleció con el apellido Schulze (que indistintamente se escribe Schulz), declaró ese apellido en el registro, ya que hasta hoy la usanza alemana es que la esposa lleve el nombre del marido.

Queda entonces aclarado el misterio y de paso pude hacer un viaje virtual hacia Alemania y hacia el pasado en busca de mis ancestros Rolack.

Espero que la demás descendencia pueda disfrutar también de esta aventura, complementada con el ÁRBOL GENEALÓGICO DE LOS ROLACK y así recordar a nuestros ancestros quienes abandonaron su patria hace tanto tiempo, en busca de un futuro mejor para sus descendientes.

Arturo Neumann Bravo, en la Araucanía a 1 de octubre de 2018.


29 de julio de 2018

La colonia de Humán. El verdadero inicio de la colonización de La Frontera.


Humán, fue una colonia de alrededor de dos mil cuadras, creada por decreto el 17 de enero de 1859 en las afueras de la actual ciudad de Los Ángeles y figuró hasta 1871 como el puesto de avanzada de la colonización y la civilización, en la frontera norte de los territorios dominados por los indígenas.

Se estableció bajo la estrategia primaria que sostenía que una colonia extranjera era mejor que un fuerte militar para establecer una base sólida y para reducir el bastión de insubordinación frecuente en la zona fronteriza de ese entonces, que minaba el avance civilizador hacia el sur del país, sobre todo luego del levantamiento de 1859 de los pehuenches de Antuco y los mapuches montados del sur.

La colonización extranjera era también una manera de apoderarse de las zonas no incorporadas al dominio efectivo de la República, de poner vastas zonas inexploradas en valor de manera rápida y económica, mediante la combinación de la ocupación militar y el trabajador de la tierra, ya sea en entidades distintas o aglutinadas en uno solo. Al final de medio siglo de proyectos tanto grandiosos como inútiles, o de promesas hayan sido éstas cumplidas o vanas, la colonia Humán fue el primer intento serio de ocupación en el flanco norte de La Frontera.

Para esa época la zona de Los Ángeles se consideraba como una zona fronteriza y es por eso se incluye dentro del decreto de creación de la Provincia de Arauco el 2 de julio de 1852, que comprende los territorios indígenas al sur del Bio Bio y cuya capital fue precisamente la ciudad de Los Ángeles.

Esta Frontera era un refugio de rebeldes, que abarcaba un área que iba más o menos desde la cuenca del Bio Bio hasta el curso medio de río Cruces y recién para la década de 1860 se inició la penetración que llevaría los límites hasta la línea fortificada de Malleco por el norte y hasta el río Toltén por el sur, considerado en la propaganda de reclutamiento en Europa, como el último avance de la civilización. Sin embargo, esta supuesta zona fronteriza jamás fue un bastión inexpugnable, en donde estaban de un lado los blancos y del otro los indígenas, en su mayoría pacíficos y sus crueldades casuales y exageradas por las necesidades de expansión. Al contrario. Era cruzada frecuentemente en ambos sentidos por hordas de comerciantes sin escolta alguna, o por cuatreros y fugitivos de la ley.

Ya en noviembre de 1851, el ministro Antonio Varas había indicado a Vicente Pérez Rosales, entonces en pleno conflicto por el hacinamiento de los colonos de Valdivia, por la poca disponibilidad de tierras, que el gobierno creía que algunos colonos de esa zona podrían mudarse a Concepción, Laja y el potrero de Humán en la jurisdicción de Bío Bío, incluso si continuaban los problemas, podría enviar a los inmigrantes a estas nuevas tierras y abandonar por el momento la idea de colonizar Valdivia. Esa idea no prosperó debido a la solución posterior de adelantar la colonización a orillas del lago Llanquihue.

La idea de traer colonos extranjeros a los potreros de Humán, en línea con las facultades otorgadas al ejecutivo por la ley de noviembre de 1845, resurgió y tomó forma en 1856 y le debe mucho al en ese entonces denigrado y criticado experimento de Llanquihue, pero que gracias a esos fracasos iniciales da sus primeros frutos, en este caso reflejado en la familia Kröll.

A pesar de haber viajado con sus compatriotas tiroleses destinados a la zona de Frutillar, Bartholomaeus Kröll prefirió establecerse con su familia mucho más al norte, en la colonia de Humán recientemente formada por 38 familias de varios países alemanes tales como Brandeburgo, Brunswick, Hesse, Silesia, Tirol y Gross-Meseritz en Moravia. Ellos fueron los pioneros de la verdadera Frontera.

Antes de 1859, este terreno era solo un vasto potrero lleno de pajonales y pantanos entre los esteros Paillihue y Quilque, sin interés para ningún particular, destinado al pastoreo de los caballos del ejército por lo que hasta esa fecha nadie lo había reclamado al Estado. Luego, la mitad del terreno se convierte en tierra de colonización al ser subdividido en una cuarentena de hijuelas destinadas a extranjeros.

El decreto de fundación consideró la entrega a cada colono, de una escritura de propiedad bajo las mismas condiciones que en Llanquihue. La venta o asignación del lote también estaba sujeta a las mismas obligaciones, así como también los mismos beneficios tales como alojamiento a la llegada, transporte a la hijuela asignada, asignación diaria y pensión mensual de 30 pesos durante el primer año, suministros y asistencia en especie reembolsables por 1/5 cada año, deducibles de aduanas etc.

Sin embargo, hubo dos diferencias: La primera fue que los tamaños de los lotes eran la mitad que en el sur, es decir, 12 cuadras por cabeza de familia más 6 cuadras por cada hijo de más de 10 años. Seis meses después, los lotes se reducen a parcelas de 8 cuadras por jefe de familia más 4 cuadras por hijo, bajo el pretexto de la mejor fertilidad del suelo y la proximidad de una ciudad y por ende a un mercado. En segundo lugar, en materia fiscal no hubo cláusulas de exención como el diezmo, patentes, obligaciones militares y todos los demás impuestos a los que estaba sometida la población chilena.

Esto no se debió a omisiones, restricciones o violaciones voluntarias de las disposiciones de la ley de 1845, ya que Humán estaba más allá del Bio Bio y la ley de colonización entendió como límite específico ese río y no su cuenca. Por lo mismo, esta situación no otorgó los colonos los derecho, favores y franquicias de Llanquihue y de ahí fue que surgieron algunos malentendidos de los que Pérez Rosales fue el único responsable. Para él, el río no era una línea divisoria y recluta indiferentemente y en las mismas condiciones para Humán y para el Sur, ofreciendo las mismas ventajas y considerando que el reclutamiento era lo suficientemente difícil como para obstaculizar el proceso con consideraciones sutiles. Pérez Rosales, aún en Alemania reclutando nuevos colonos, le escribió sus observaciones al ministro Ovalle, cuya respuesta fue la del típico funcionario burocrático estatal, tan interesado en el desarrollo como cerrado a la realidad.

Ovalle advirtió sobre la ubicación de la colonia al norte y no al sur del Bio Bio. Especificó además que los colonos debían pagar impuestos, poco, ciertamente, pero consideró que era una cuestión de principios. Para el reembolso al Estado del dinero gastado en ellos, fue de 1/5 cada año, pero aquí desde el segundo año en adelante, a diferencia de Llanquihue, que iniciaba el tercero. Es decir, a los colonos NO SE LES REGALÓ NADA. Todo debieron pagarlo al Estado.

Era de suma importancia evitar cualquier contradicción entre la oferta hecha por el gobierno y lo que efectivamente recibirían los colonos, por supuesto, esta situación fue una verdadera sorpresa para los recién llegados y por ende, no contribuyó para nada a la promoción de la colonia.

Antes de 1857 ya había al menos 10 familias alemanas en Los Ángeles. En 1854 figuraban el Dr. Hantelmann y herrero Klix; dos años más tarde, Augusto Krämer, carpintero que había abandonado el fallido proyecto de Bellavista en la zona de Valdivia, entre otros. A estos les siguieron 4 grupos de colonos tentados por la oferta del gobierno. En total, 36 familias de las cuales 4 llegaron a partir de marzo de 1859, una docena en junio, 10 instaladas el 22 de octubre y las otras a principios de 1860.

A excepción de los colonos procedentes de Brandenburg que vinieron en el bergantín Inca, la decisión de agruparse en la colonia no fue inmediata, sino que demoró entre 6 meses y un año, deambulando entre el Bio Bio y el Malleco, o recibiendo más familias de Valdivia o Llanquihue. Tal fue el caso de los Horn, los Kressin o los Wegner.

Los lotes de terreno no fueron sorteados ni otorgados por orden específico, sino que en la medida que fueron llegando los colonos, escogieron las mejores parcelas, dejando las más malas para los que arribaron al final. Sin embargo, la colonia muy rápidamente fue creciendo atrayendo nuevos colonos desde Valdivia o desde las zonas rurales de Angol, Mulchén, Renaico o Nacimiento, incrementándose las solicitudes de lotes entre 1868 y 1870. La razón de ello, según Wilhelm Jacobs, fue la inseguridad general. Él describe en su diario a su llegada a la colonia, que todos los pueblos de la región estaban expuestos perpetuamente al ataque de los indios y las familias aisladas en los campos vivían en constante amedrentamiento y preocupación. Por lo mismo, Humán en esa época representó un oasis de paz. Esta experiencia concluyente contrasta con los otros ensayos aislados de colonización a lo largo de la línea del Malleco.

En 1870 el ingeniero Teodoro Schmidt se encargó de dividir en 80 lotes adicionales el resto del potrero y los beneficiarios de esta nueva repartición fueron en primer lugar los colonos nacionales de Los Ángeles, a los que se le sumaron en segundo lugar colonos ingleses, que no permanecieron mucho tiempo en la colonia, como los Robinson, Buttler, Kelley, Wood, Squires, Fields, etc., y en tercer lugar, por lo menos la mitad de los hijos de los primeros colonos de alemanes registrados en la lista de espera, como los Bartheld, Drapela, Kröll, Neumann, Stark, Dittus, Busch, Fritz, Krämer, Vyhmeister, etc. Al no haber suficientes tierras, muchos de estos hijos de colonos emigraron a otras zonas del país, principalmente al recién abierto territorio de colonización de Angol y posteriormente al resto de la Araucanía.

El resultado aparente fue una rápida prosperidad, pero no sin cierta reticencia de parte de las autoridades, como lo prueban dos informes de Urrutia con solo un año de distancia. El primero, del 4 de mayo de 1872, enfatiza el paciente trabajo del colono, el orden y la distribución de las quintas y celebra la influencia de Humán en todo el departamento de la Laja. Al año siguiente indica que el trabajo colono siempre es valioso, pero manifiesta tendencias egoístas, oculta sus actividades y conocimientos cuidadosamente, que solo los comunica de mala gana a los nacionales y solamente si hay una necesidad, se pone en contacto con ellos.

Las fuentes y referencias chilenas se detienen en los límites de la colonia sin penetrar en su interior, viendo solamente los efectos e influencias hacia afuera, sin siquiera sospechar crisis internas.

Humán era lo opuesto a una colonia de amigable. Durante tres cuartos de siglo, fue un espacio cerrado donde existieron muchas disputas, precedidas en su mayoría por discordias nacidas en los barcos durante el viaje a Chile. La mala distribución de las tierras o problemas de límites, fortificaron aún más las divisiones y con el tiempo aparecieron las distintas facciones rivales. Estas diferencias pudieron también deberse a las particularidades y antagonismos propios de las zonas de origen de los colonos, como por ejemplo, las rivalidades entre los originarios de Hesse y los Westfalianos, o los prusianos con los de Europa Central. Al final se trataba de la eterna diferencia entre riqueza y pobreza, las diferencias religiosas, las afinidades personales y las antipatías insuperables que terminan por encerrar a cada grupo en la dureza y la desconfianza hacia los demás.

El resultado de lo anterior fue un sorprendente desastre que terminó en convertir a la colonia Humán en un agregado de grupos rivales que evitaban todo contacto y que a los 20 años de su formación quedó atrapada en el odio, además de la consecuente endogamia y consanguinidades, de la que solamente tres familias pudieron librarse al ser más abiertos a sus vecinos.

Este comportamiento era generado, por un lado, simplemente por la codicia y el afán de hacer rápidamente alguna fortuna. Como consecuencia, los niños que fueron naciendo y creciendo eran utilizados tempranamente en las labores del campo y así enriquecer el clan familiar. A nivel espiritual, no existía nada que aglutinara a los colonos alrededor de una fe. Al contrario, se encontraban completamente desamparados y la primera generación nacida en Chile era totalmente analfabeta, incluso el terreno reservado para la escuela fue utilizado para labores agrícolas que generaban utilidades.

Por otro lado, esa desconfianza hacia los vecinos chilenos fue acrecentada por los continuos engaños a los que fueron sometidos los primeros colonos, al venderles bueyes con los cachos quebrados, es decir, inútiles para las labores agrícolas, carretas en mal estado, harina vencida, madera apolillada, sin dejar de mencionar los habituales robos, golpizas, asaltos, violaciones y hasta asesinatos cometidos contra los recién llegados. Bajo ese régimen, y al no existir ninguna garantía de seguridad, era natural que la comunidad se encerrara en su propio mundo y se aislara de la influencia criolla y resolvieran sus problemas a su manera.

Esas son las razones por las que la colonia Humán fue una isla lingüística, agrietada y estancada internamente, sin ósmosis con el exterior, sin un líder que pudiera resolver los problemas, sin un guía espiritual, sin ideales, cuya consecuencia en el corto plazo fue por supuesto, la inercia, la desculturización, la desaparición de los valores; pero curiosamente todo ello no se reflejó hacia el exterior.

Este caos interno será revertido en 1881, cuando ya casi todo parecía consumido por el odio. Desde Puerto Montt llegó el pastor Schenk, quien fue el artífice de la renovación de la colonia y de la regermanización de sus integrantes, estableciendo un directorio y además reclutó en Alemania a un maestro de escuela de 27 años, Benjamin Möhrlen, quién permanecerá en la colonia durante 30 años. Schenk fue para Humán lo que Pfaff fue para Contulmo y Junginger para Frutillar. En un año ya había una nueva cultura alemana y una fe orientada al concepto en que todo el trabajo es un servicio divino.

La colonia Humán escapó así del hundimiento y los sobrevivientes hacia el año 1916, Daniel Kröll de 75 años de edad, Johann Fülla, de 87 y Luise Müller, de 91, pudieron dar su testimonio de las fases del declive y luego de la satisfacción de recuperar y conservar la prosperidad económica colectiva, que ha caracterizado a la idiosincrasia alemana.

Para ese año quedaban 3 grupos de colonos, conformados por 56 familias fieles a la tradición alemana, 7 recuperables y 37 perdidos definitivamente para la idiosincrasia, sumando en total, 410 personas.

El primer grupo de colonos poseía 77 casas o mansiones, en donde 16 familias tenían al menos 2 casas y empleaban a 127 trabajadores chilenos en una superficie sumada de 906 hectáreas. Este grupo incluye a los colonos Bartheld, Baier, Drapela, Lammich, Neumann, Rogge, etc., y a 43 artesanos y comerciantes tales como hermanos Jakobs, Georg Stöber, Alfred Wechsler, Wilhelm Oberg, etc. Muchos se habían unido a las familias alemanas de Los Ángeles, cuya área urbana se extendió hacia los límites occidentales de la colonia. En la segunda categoría, tres familias no tenían nada y 4 eran dueños de 63; 25; 19 y 13 hectáreas respectivamente. El grupo restante, vivía en una depresión económica innegable, en una completa asimilación y a veces el anonimato social, ya que 25 familias que vivían de las labores agrícolas no pudieron prosperar y 12 de ellas eran propietarias de una superficie sumada, que apenas superaba las 200 hectáreas de terreno.

Solo dos familias destacaron por haberse enriquecido mucho: la de Daniel Kröll, llegado en 1859, llegó a tener más de 3000 hectáreas en la región y más de 120 familias chilenas a su servicio. La otra es la de Luis Dittus, titular de mil hectáreas, de quien no hay mucha más información.

A pesar de que el avance civilizador de la colonia Humán hacia el sur, se vio interrumpido desde el principio por los levantamientos indígenas que se acrecentaron hasta terminada la Guerra del Pacífico, no fueron pocos los inmigrantes que vieron a la ciudad de Los Ángeles y sus alrededores, como un polo de desarrollo agrícola, comercial e industrial, gracias a la presencia de los colonos alemanes establecidos en 1859. Nuevas familias desertoras del proceso de colonización de la Araucanía fueron estableciéndose alrededor de la antigua colonia angelina, incorporando distintas nacionalidades como suiza, italiana, alemana, etc., a la riqueza cultural y al desarrollo de la zona del Bio Bio.

Fuente: Jean-Pierre Blancpain. Les Allemands au Chili (1816 - 1945).
Adaptación: Arturo Neumann Bravo.

25 de junio de 2017

Paillihue. Historia antigua e identidad.

Introducción.

Cuando me preguntan de dónde soy, siempre digo con orgullo que soy de Los Ángeles, a pesar de haber nacido en Collipulli y de haber dejado de vivir aquí más de la mitad de mi vida. Con el mismo orgullo también digo que casi toda mi etapa como angelino la viví en los campos de Paillihue. Hice el Kinder y el Primero Básico en la Escuela N° 60, bajo la dirección de don Gilberto Cabezas, de quien hoy casi nadie se acuerda, pero yo aún lo veo llegar en su camioneta Chevrolet 51 azul.

Entre el barrio y la escuela recuerdo a muy pocos amigos de infancia, dado el paso del tiempo y los estragos que hace en la memoria. Son más los rostros que los nombres, pero los mantengo en mi mente. ¿Qué habrá sido de ellos? Mi madre, profesora de enseñanza Básica de la misma Escuela 60, posteriormente llamada E – 922, entre 1972 y 1993, aún es reconocida por sus alumnos “Paillihuanos” y la recuerdan con cariño en donde la encuentran.



Recorrí las calles Santiago Barrera, Los Gladiolos, Balbino Sanhueza, René Schneider, Teniente Merino, René Sepúlveda o Edmundo Arellano, donde estaba mi escuela… ¿Quién no fue a comprar al negocio de la señora Raquel? ¿O la herrería de los Paredes? (¡Herrería, pues! De esas de verdad…) El tradicional boliche El Tiburón, o los inicios de Super Pan… Por supuesto los inolvidables viajes en micro hasta paradero de la “Paillihue Avellano” en la esquina del retén, en calle Los Carrera, para luego irme a pie por un pedregoso camino El Peral, dirección que aún mantengo en el Registro Electoral... Claro que esa dirección ya no existe. Hoy sería algo así como Francisco Encina, entre Andrés Bello y Alberto Blest Gana. Ya no recuerdo bien dónde quedaba la entrada del campo. Lo cierto es que uno no se sentía en Paillihue si no se cruzaba el río por ese puente peatonal metálico, con base de madera al que le faltaba una que otra tabla...


Pero más que latearlos al hablar de mis recuerdos, quiero dedicarme a dar a conocer lo que he logrado encontrar hasta el momento sobre la historia de Paillihue. ¿Cuándo se formó? ¿Quiénes fueron los primeros propietarios? ¿Quiénes fueron antes? Son preguntas que forman parte de nuestra identidad territorial, de nuestro entorno, nuestro micro cosmos que hace que miremos al pasado para remontarnos al futuro. Fue precisamente al dedicarme a estudiar mi propia historia familiar, cuando me encontré con la historia de Paillihue y la que quiero compartir con ustedes y a la vez invitarlos a re descubrir sus propias historias familiares.

Significado.


Paillihue, según el Diccionario Geográfico de la República de Chile (1899), es un “riachuelo del departamento de Laja que nace en la parte oriental de la comarca de Umán; corre al S.O. vecino por el sur a la ciudad de los Ángeles y va a morir en la derecha del Duqueco, rodeando por el oriente el cerro de Mesamávida. Es de unos 20 kilómetros de curso y de poca agua ordinariamente. Sus riberas comprenden fundos de su mismo nombre. Se dice también Pallihue, y es tal vez uno y otro inmutación de palihue, espacio llano o patio.

Según otros, viene de la voz mapuche “Palinhue” que es el lugar donde se juega Palín o chueca. Dado lo plano de los potreros del campo donde me crié, creo que califican para tal efecto.

Primeros dueños de las tierras.

No es para nada extraño pensar que en la zona de Paillihue hubiera asentamientos mapuches, ya que no fueron pocos los hallazgos que encontré en mi niñez que demostraban su presencia. Piedras horadadas, toquicuras, restos de cerámica indican la actividad de los pueblos originarios en la zona. Sin embargo, la referencia documental más antigua que encontré hasta ahora sobre propietarios del sector, fue el testamento de doña Clorinda Riquelme y del Río (1824 – 1898), viuda de José María de la Maza y Mier, fechado en Concepción el 5 de julio de 1898, en donde expresamente indica “Lego a mi nieta Amelia Maza de Padilla cinco mil pesos i el fundo Palihue ubicado en el Departamento de La Laja.

Doña Clorinda era hija de don Manuel Riquelme de la Barrera y Vargas Machuca, medio hermano de doña María Isabel Riquelme Meza, y por tanto, prima de don Bernardo O’Higgins Riquelme. Se casó en Los Ángeles el 14 de agosto de 1838 con don José María de la Maza y Mier (1811 – 1875), siendo los padres de don Juan Adonai de la Maza Riquelme (1851 – 1851), padre de la mencionada heredera María Amelia de la Maza Aguilera, casada con el General de División don Tulio Padilla Anguita.

El 29 de enero de 1909, doña Amelia de la Maza vendió a crédito el fundo Paillihue a don Alberto Kleinknecht, quien antes en 1887 se había desempeñado como el primer profesor del Colegio Alemán de Temuco.

Posteriormente don Alberto dio el fundo en garantía junto con otras propiedades, a mi bisabuelo don Daniel Kröll Wechselberger colono alemán de padres austriacos, el 3 de julio de 1911 por ser este último aval en un préstamo que tenía el señor Kleinknecht con el Banco de Chile.

La Población Siglo Veinte.

Luego, el 17 de enero de 1914, un señor dedicado a la compra – venta de inmuebles, don Balbino Sanhueza, obtuvo en cesión de don Alberto Kleinknecht de una parte del fundo Paillihue, “con el único fin de formar una población que se denominará Siglo Veinte, ocho manzanas de terreno, que medirá cada una de ellas ciento veinticinco metros por cada uno de sus lados y el terreno suficiente para la formación de calles con el ancho acostumbrado, terreno que se halla hubicado dentro de la quinta del señor Kleinknecht, situado al lados sur del estero Paillihue y deslinda en general por el poniente, camino público que de esta ciudad conduce a Villucura y otros puntos, y con sucesión de don José del Carmen Pulgar, por el sur, camino que de esta ciudad conduce al Pino, Peral y otros lugares y por el norte con el estero Paillihue y oriente, más terrenos del señor Kleinknecht.” Es decir, lo que hoy llaman “Paillihue antiguo”, entre las actuales calles René Schneider, Francisco Encina, Los Carrera y el estero Paillihue.

Así es que legalmente, Paillihue está de aniversario los 17 de enero con flamantes 103 años, puesto que éste es el documento legal más antiguo que he encontrado, que menciona la primera población urbana de nuestro barrio, el cual se encuentra inscrito en el Conservador de Bienes Raíces en el número 427 fojas 218 a 219 del año 1914. Espero que los dirigentes actuales consideren esta fecha dentro de sus actividades, por lo menos hasta que algún historiador calificado encuentre otro documento anterior que indique lo contrario. Lamentablemente nos perdimos el centenario.

Continuando con la historia, don Daniel Kröll, quien era el fiador o aval del señor Kleinknecht, debió autorizar el contrato de cesión con don Balbino Sanhueza el 4 de marzo de 1915 y “consintió en la venta de los sitios que hagan los señores Kleinknecht y Sanhueza y se dijo expresamente por él, que cada comprador de sitio de esa población queda libre de gravamen…” Es lo que expresa el documento de esa fecha.

Los primeros propietarios de sitios.

Entre 1914 e inicios de 1915 se vendieron alrededor de 30 sitios, pero al parecer, los negocios del señor Kleinknecht no fueron muy fructíferos, o los fondos de las ventas no se destinaron a pagar la deuda, por lo que el 29 de marzo de 1915 don Daniel Kröll le embarga la garantía firmada en 1911 por no pago, quedando fuera del embargo los sitios ya vendidos a particulares entre el 6 de mayo de 1914 y el 4 de enero de 1915, realizándose finalmente la venta judicial en favor del señor Kröll, el 14 de mayo de 1915. Los nombres que logré recopilar de estas primeras adquisiciones son los de Tomasa ArratiaJosé Celestino Delgado, Genaro Fernández, José Miguel Freire, José Mercedes González, José Mercedes Guajardo, Luis Olivares y el señor Isaías Quijada.

Inmediatamente el 19 de mayo de 1915, don Balbino Sanhueza, seguramente para no perder su legítimo negocio, compró a Daniel Kröll todos los derechos que le correspondían de las ocho manzanas de la Población Siglo Veinte, a crédito, por supuesto, quedando el comprador en absoluta libertad para seguir la venta de los sitios, libres de gravamen una vez adquiridos por sus nuevos dueños, siendo en esta etapa el primer adquiriente de varios de estos sitios don Felipe Santiago Barrera Sáez, el 24 y el 28 de mayo de 1915, al que se sumaron nuevamente doña Tomasa Arratia, doña Estefanía López, Felidor Abello, Marcos Arratia, Celestino Delgado, Zenón Delgado, José Eucarpio Figueroa, otra vez don José Miguel Freire, José Mercedes González, José Miguel Guzmán, Alberto Jara, Marcos Segundo Jara, Ramón Lagos, Anselmo Larenas, Zenón IturraIsaías Quijada Jara, José Domingo Riffo, Alberto Ríos Poblete, José Santos Saavedra, José Segundo Salazar,  Bartolo Sánchez y Vicente Clodomiro Solar, comprando entre todos un total de 56 sitios entre el 22 de mayo de 1915 y el 24 de mayo de 1916.

Como posiblemente los fondos iban directo a pagar la deuda que tenía don Balbino Sanhueza con Daniel Kröll, el 11 de agosto de 1916 don Alberto Kleinknecht interpone una prohibición de enajenar los bienes embargados en contra de este último, pero como ya había vendido anteriormente los derechos a don Balbino, éste siguió vendiendo los sitios de la futura Población Siglo Veinte, sin hacer caso de la prohibición, incorporando a nuevos dueños como don José Luis Alarcón, Luis Berrocal, José Heriberto Contreras, Juan de Dios Esparza, José Eucarpio Figueroa, nuevamente don José Miguel FreireZenón Cristóbal Freire, Marcos Hernández, otra vez Zenón Iturra, Froilán Jara, Honorio Lagos, Ricardo Meneses, Ruperto Ramos, Candelario Seguel, Armando Solar, Clodomiro Solar, Teodosio Solar y Juan Manuel Torres, que en conjunto sumaron 69 nuevos sitios. Se menciona en algunas escrituras un deslinde de un señor Cid, pero a la fecha no he encontrado ninguna escritura que lo vincule a la compra de sitios en la población. 

¿Cuántos de esos primeros propietarios tienen aún descendencia en Paillihue?

El 20 de septiembre de 1929 fallece don Balbino Sanhueza, dejando el proyecto de la Población Siglo Veinte inconcluso, legando sus propiedades a sus hijos naturales, Nieves, María Carmela, Cristóbal Sanhueza y Manuel Claro. Dentro de estas propiedades existen alrededor de 50 sitios en la población Siglo Veinte, que fueron parte de un embargo realizado el 4 de septiembre de 1930 a la sucesión de Balbino Sanhueza, en favor de doña Rosa Filla Gacitúa, hija de Johann Fülla, colono austriaco avecindado en la Colonia Humán en 1859, quien sería la última propietaria de los terrenos restantes de la población Siglo Veinte, registrada en los documentos del Archivo Nacional hasta el año 1934. Investigaciones posteriores nos indicarán quiénes fueron los siguientes dueños de los sitios de Paillihue antiguo. 

En la vorágine de la vida, de a poco fueron conformándose los sitios y quintas del Paillihue antiguo de principios del siglo XX. Mis abuelos llegaron a vivir a la quinta que estaba frente al retén de carabineros (hoy Supermercado A Cuenta), a finales de la década de los 30, naciendo mi papá en 1940 y yo en 1969, siendo Paillihue mi primer hogar. En 1972 nos trasladamos a la casa que construyó mi papá en el campo, que aún está, creo, entre los hualles del sitio de la forestal, dueña de una parte de las tierras desde 1989. Lo demás, forma parte del cotidiano olvido de las nuevas gentes que llegaron a poblar los potreros de mi infancia.

Epílogo.

Aunque viene bien de cerca, pienso que a Paillihue le hace falta recordar a estos primeros protagonistas de su historia primigenia y que están ausentes en los nombres de sus calles, Alberto Kleinknecht y Daniel Kröll, así como el de los primeros propietarios de la Población Siglo Veinte. Ojalá que en algún nuevo trazado de calles se acuerden de ellos, aunque sea en algún callejoncito sin salida…

Finalmente, algo de crédito en la historia local se le debe a Daniel Kröll Wechselberger, así como a muchos otros protagonistas silenciosos. Es cierto que hacia el final de sus días se dedicó al negocio de prestamista, pero ¿quiénes somos nosotros para criticar con ojos modernos las costumbres de antaño? La especulación era lo habitual entre los que podían retirarse con algo de fortuna, en el caso de Daniel Kröll, habiendo dejado a todos sus hijos “más o menos bien puestos”. Fortuna que se hizo “pelando el ajo” en Angol y Traiguén, arrancando del levantamiento indígena de 1881, luego regresando a “mover la challa” a Lumaco, Purén, Galvarino, Collipulli, donde cruzó el viaducto del Malleco a caballo; Victoria, Vilcún, Imperial… si hasta en las faldas del volcán Llaima anduvo aventurándose antes de establecerse en Los Ángeles, viviendo ahí mismo donde hoy está el Cuartel de Bomberos en O’Higgins con Ricardo Vicuña… pero esa es otra historia…

Existe una línea que une Paillihue con un pequeño valle europeo de Los Alpes, llamado Zillertal, en la región del Tirol Austriaco. Sí. Ese mismo valle que vio nacer una canción de Navidad que ustedes cantan todos los años, que lleva por título “Noche de Paz”, también vio nacer a los padres de Daniel Kröll, quienes tuvieron que huir de su patria en 1837 por defender su religión protestante, viviendo por 20 años en Silesia en el Reino de Prusia, para luego venirse a los confines del mundo en 1859 acá a Los Ángeles. Es un vínculo familiar y cultural olvidado por los que vamos y venimos, los que pasamos o nos quedamos.

Todos tenemos una historia familiar, que cuando la descubrimos, nos damos cuenta por qué nos sentimos tan vinculados con ciertos lugares y por lo mismo, invito a todos ustedes también a descubrirla. Evidentemente estas líneas pueden contener más de un error histórico que debe ser corregido y completado por futuros investigadores locales a quienes les interese el legado y el patrimonio de nuestro barrio. Lo importante es que estas mismas historias familiares nos vuelvan a vincular con los valores de los primeros habitantes de la antigua Población Siglo Veinte. Y aunque ya no esté viviendo en los campos de mi niñez, seguiré diciendo que soy de Los Ángeles. ¡Soy de Paillihue!