10 de enero de 2023

ALEMANES EN LA FRONTERA. PARTE IV

 4° PERÍODO. COLONIZACIÓN DE LA ARAUCANÍA. 1883 – 1892.

Este vendría siendo recién la llamada por los académicos, la “Colonización de la Frontera” o “Colonización de la Araucanía”, comprendido entre 1883 y 1892.

Este proceso colonizador estuvo amparado por la ley de inmigración general de 1881, que reemplazó a la ley de inmigración selectiva de 1845 y más bien protagonizado mayoritariamente por familias de origen suizo y francés, siendo las familias alemanas apenas el 16% de los inmigrantes en este período.


En la colonia de Ercilla, tenemos a las familias: Albert, Benz, Birch, Birr, Bühlmann, Dreher, Glasser, Grollmus, Haug, Heinrich, Killian, Kind, Korn, Longnecker, Malmus, Müller, Neumann, Peschke, Pritzke, Riedel, Rubnik, Strauss, Todmann, Treskow, Von Unger, Weber, Wilde, Ziegler.

La colonia de Colo, cerca de Victoria, destacan los Seiffert y Westermann.

Victoria llegaron varios colonos contratados, pero no todos de Europa. Varios de ellos ya venían de otros procesos anteriores, como Humán o Llanquihue, o de otras zonas de la misma Araucanía: Baade, Beechler, Chemin, Finschi, Frindt, Gotterbaum, Heise, Hermann, Hunter, Kekow, Michelsen, Neumann, Niedmann, Otto, Peters, Pfeiffer, Reinmann, Sahr, Tamm, Tänner, Väter, Weitzel, Wustlich, Ziegler.

Quechereguas, cerca de Traiguén, fue una colonia mayoritariamente suiza, pero también llegaron familias alemanas como: Ascher, Dellinger, Domeysen, Faust, Frindt, Gimpel, Klein, Kleinert, Koenig, Ohmke, Reinhardt, Ulicke, Wolf, Zehnder

La colonia de Contulmo se fundó cuando esa zona aún era parte de la administración del territorio de colonización de Angol. Muchas familias llegaron desde Alemania, pero otras provenían de otras colonias anteriores, como los Vyhmeister, que venían de Puerto Varas, o los Neumann que llegaron antes a Valdivia. A ellos se sumaron los Arndt, Berg, Biel, Bormann, Bromisch, Duve, Ewert, Fechner, Franow, Geister, Girnus, Grollmus, Guggelsberg, Harnisch, Haupt, Hensel, Heubie, Jost, Just, Kirsch, Kliebs, Klonz, Klopfer, Koehler, Köhns, Kortwich, Kuhn, Kutz, Langfritz, Linke, Malig, Maringer, Marquard, Meyer, Motz, Müller, Oschee, Pfaff, Ritter, Röel, Saip, Schulz, Schwartinsky, Seeger, Sperberg, Techner, Thiele, Tzschabran, Vogel, Von Barchwitz, Walgerist, Zieballa.

En Traiguén hubo bastante actividad comercial, agropecuaria e industrial de familias alemanas, no pocas provenientes de otras colonias:

Aichele, Asmus, Beller, Drapela, Esse, Ewertz, Frick, Gendelmeier, Gericke, Gutmann, Hannig, Hauck, Hensel, Hohmann, Jensen, Kehl, Keller, Klagges, Kleinknecht, König, Krefft, Lange, Magofke, Müller, Müttel, Naumann, Plesch, Radtke, Schnake, Schwarzenberg, Stölze, Terpelle, Vetterlein, Weber.

La colonia de Quino recibió también muchas familias alemanas. Existe un cementerio muy bien cuidado en donde descansan ancestros de varias familias: Bieck, Hoffmann, Niefergold, Schulz, Brandt, Japke, Oschilewski, Thieme, Dietert, Kamsella, Pasche, Weber, Eberhardt, Knüpel, Poseck, Wester, Gebert, Krüger, Preuss, Wine, Golombeck, Magofke, Puschmann, Würslin, Graf, Müller, Reist, Yenschke, Hafemann, Nawrat, Saas, Zesky.

En Tricauco destacan: Erpel, Heise, Märtens, Müller, Ruef, Sifrig

En Dumo, Hillbrunner y Seiffert.

En Galvarino: Bachmann, Buchholz, Burhardt, Cohen, Haeger, Hohmann, Horn, Katz, Klagges, Kleinsteuber, Nagel, Reidel, Schumann.

En Púa: Gesche, Küling, Kreighoff, Kunz, Krüger, Kutz

A la colonia El Salto, llegaron los Venthur que hoy viven en Los Ángeles, al igual que los Hetz de Chillán y los Reinicke. Además de ellos, tenemos a: Gesche, Haenseler, Harnisch, Hausler, Hoffstetter, Lichtemberg, Meier, Müller, Oschilewski, Renner, Rickemberg, Roloff, Thiele, Utzinger, Vorphal.

Quillem fue una colonia bastante grande. También tuvo su cementerio propio: Affeld, Grünewald, Mehnke, Schöer, Berg, Haschke, Melcher, Seehaber, Bormann, Herdener, Mertens, Siering, Brandt, Hitz, Merz, Stephan, Cornelly, Horstmeier, Miethe, Tempel, Dossow, Jaeckel, Morgenstern, Topp, Egger, Junge, Moritz, Utschink, Erdmann, Kiekebusch, Müller, von John, Folter, Kierschke, Paslack, Vorphal, Frenz, Kobart, Pfeiffer, Voss, Geisel, Köthe, Pohl, Wehrhahn, Glauer, Krug, Raasch, Wolter, Gregorek, Leiker, Reinicke, Zihlmann, Grose, Marquardt, Riedberger, Zube.

La colonia alemana de Temuco es del año 1885. También llegaron descendientes de colonos provenientes de otras zonas: Andreas, Appelt, Axt, Baier, Barnert, Becker, Borke, Burgemeister, Dankert, Dellinger, Dreves, Ellwanger, Fiebig, Flebe, Fost, Frick, Fritz, Gottschalk, Greve, Haffemann, Hardtmann, Hegnauer, Helmke, Hitschfeld, Hochstetter, Hornisch, Ithal, Jankowsky, Kenner, Kinast, Klapp, Kluesse, Knaack, Koch, Koehler, Kowald, Krause, Kühn, Lüble, Malmus, Massmann, Matts, Meissner, Menzel, Michelsen, Momberg, Mons, Mosler, Neumann, Otterstein, Patzke, Perlwitz, Porath, Pritzke, Pruefer, Reusch, Sachs, Sänger, Schäfer, Schlotterbeck, Schmidt, Schütz, Steinbauer, Stepke, Tepper, Traut, Vogel, Walper, Wassow, Westermayer, Wichmann, Ziem.

En Purén, tenemos a: Bächler, Biel, Fenner, Kröll, Nickelsen, Oemick, Petersen, Rolack, Scheel, Simpfendörfer, Utz.

La colonia de Adencul, solamente tenemos a un apellido alemán, Rudt. En Chanco, a Paumann y en la colonia Ñielol, a la familia Horn.

En Lautaro tenemos distintos grados de presencia de familias alemanas, ya sea de colonos como de comerciantes, empresarios e industriales de ese origen: Andreas, Bächler, Becker, Faesch, Glauer, Golusda, Krüger, Menke, Pfeiffer, Pohl, Puschmann, Rudloff, Thiele, Voigt, Von Edelsberg, Wilken.

Varios apellidos se van repitiendo debido a la movilidad que tenían estas familias, buscando mejores condiciones para establecer de mejor manera sus actividades agrícolas, comerciales o industriales.

Más de algún suizo, danés u holandés se me deben haber pasado, ya que los documentos de la época suelen indicar no pocas veces nacionalidad alemana a ciudadanos de otros países, pero que estaban bien insertos en las colonias y colectividades alemanas de este proceso.

Salvo Contulmo y Purén, podemos ver que la ubicación de estas familias alemanas fue principalmente en el valle central del territorio de colonización, normalmente haciendo la función de dique entre las reducciones mapuches y los grandes fundos y haciendas que ya existían anteriormente.


La puerta de entrada de este proceso colonizador nuevamente fue el puerto de Talcahuano, después de un viaje en vapor de unos 30 a 35 días, bastante más corto y menos sufrido, comparado con los 4 a 6 meses en velero del primer proceso colonizador. Luego, trasladados en tren hasta Angol en donde eran pertrechados casi siempre en la tienda de Augusto Eickenrodt, para finalmente un largo viaje a los distintos lugares de destino, en esas ruidosas carretas chanchas con ruedas de tronco bruto y los bueyes no siempre muy mansos.

En este período quiero destacar a don Eduardo Menzel, quien desarrolló sus actividades en Temuco, aunque provenía de Valdivia. Tuvo una fábrica de cecinas en pleno centro de Temuco, en la esquina de General Mackenna con claro solar, parte de cuya edificación aún se encuentra en pie.


Tenía su crianza de cerdos en su quinta en Avenida Alemania los que trasladaba de arreo a su fábrica para ser faenados,


Como en invierno las calles de la Avenida Alemania eran un barrial infranqueable, era muy difícil llevar arreando a tantos chanchos, así es que instaló una línea de rieles para llevar sus animales en un carro tirado por caballos, rieles que después sirvieron para instalar un tranvía que funcionó por muchos años, siendo gran protagonista del desarrollo de Temuco,


También se dedicó a la actividad agrícola, ganadera y forestal siendo, además, uno de los fundadores de la Tercera Compañía de Bomberos, que fue la primera que hubo en Temuco, actualmente la Bomba Germania.


Don Eduardo Menzel representa el espíritu emprendedor del colono alemán en su afán de brindarle a su familia un mejor porvenir, y que no siempre es lo suficientemente recordado por la colectividad chileno alemana de Temuco.

5° PERÍODO. OTRAS COLONIAS ALEMANAS. 1893 – 1925.

Con el avance del ferrocarril hacia el sur, el centro de desarrollo se trasladó desde las ciudades costeras, hacia aquellas más cercanas a la línea férrea. Ciudades como Nueva Imperial, Carahue y la localidad de Puerto Saavedra, recibieron un fuerte influjo de familias alemanas, en su mayoría provenientes de Valdivia, ya que existía un gran intercambio comercial a través del transporte marítimo y fluvial.


El desarrollo de vapores en el río Imperial, fue la forma que con la que estas ciudades costeras enfrentaron el cambio de paradigma que significó el desarrollo ferroviario como eje motor de la economía regional.


Dentro de este período, una vez terminado el proceso de colonización general, el Estado de Chile entregó la responsabilidad a empresas privadas, las llamadas Sociedades Colonizadoras, para traer colonos extranjeros. Hubo al menos 8 empresas colonizadoras que recibieron tierras en Malleco, Cautín y Valdivia, abarcando más de 200 mil hectáreas para establecer colonos. De esa superficie, tan solo entregaron algo más de 28 mil hectáreas a más de 350 familias de colonos que se establecieron en esas tres provincias, quedándose las sociedades colonizadoras con el resto.

La Sociedad Eleuterio Domínguez y Compañía, por ejemplo, en la zona cercana al lago Budi, recibió más de 56 mil hectáreas. La Sociedad Comunidad Llaima en la zona cordillerana, recibió más de 24 mil. La Sociedad Ricci y Compañía, 75 mil hectáreas, en la provincia Malleco, no pocas cometiendo toda clase de abusos contra los inmigrantes.

Bajo este modelo, las sociedades entregaban alrededor de 70 hectáreas por familia en terrenos de no siempre de buena calidad, en vez de las 150 prometidas por padre de familia y 75 por cada hijo menor de diez años. Con el resto, los empresarios formaron fundos de grandes superficies, lo que favoreció el abuso y la especulación en vez de impulsar una auténtica colonización.

En la zona costera predominaron las colectividades alemanas asociadas a la industria, el comercio, la agricultura y el transporte, siendo iniciativas privadas, gestionadas por capitales propios.

En la ciudad de Nueva Imperial tenemos la presencia de las familias: Baehr, Esse, Frindt, Oberg, Scheid, Thiers, Trautmann.

En Carahue, Bonert, Holzapfel, Kind, Mast, Thiers, Valck, Westermayer.

Esta ciudad llegó a tener un Colegio Alemán, edificación en la que actualmente funcionan las oficinas de INDAP.

Puerto Saavedra: Lüer, Metzger, Thieme, Westermayer.

Bajo la nueva modalidad de las Sociedades de Colonización, se establecieron las siguientes colonias alemanas:

La colonia Nueva Transvaal fue fundada en 1903, con el objetivo de asentar a familias víctimas del conflicto anglo – boer de Sudáfrica, para que ocuparan terrenos fiscales en la zona de Gorbea. Fue liderada por familias holandesas, pero entre ellas venías no pocas familias alemanas, ya sea porque fueron empleados de empresas sudafricanas que vieron perdidos sus puestos de trabajo y se arruinaron por la guerra, o por ser descendientes de alemanes, emparentados por matrimonio con familias Boers.

Es difícil diferenciar las familias alemanas propiamente tales, ya que no pocas habían pasado por Sudáfrica, pero por deducción, obviamente con el riesgo de cometer errores, podemos identificar las siguientes: Boll, Brath, Doll, Gunther, Hoffmann, Keller, Keuter, Kolck, Diethelm, Schalk, Ulrich, Weimberger, Weisser, entre otras.

La colonia de Huefel Comuy, más tarde denominada Faja Maisan en Pitrufquén, fue fundada en 1905 por la “Sociedad Ganadera e Industrial de Valdivia”, trayendo colonos alemanes que anteriormente se habían establecido en Chiloé, pero que no pudieron adaptarse a las pésimas condiciones de clima y suelo de la isla. Posteriormente en 1912, llega otro grupo de colonos, incluyendo suizos y holandeses, para conformar esta activa colonia alemana. Las familias que destacan son: Amdt, Augsburger, Babileck, Brellentin, Brinck, Brun, Buck, Bulling, Demler, Domke, Eberhardt, Farfal, Fehling, Frey, Friedrich, Grabert, Henoch, Kanisius, Kling, Koning, Kopp, Kosenz, Krebs, Krüger, Kükensöhner, Kutzner, Langer, Lefenda, Lück, Luppie, Maisan, Mieville, Monarch, Nickel, Pfeiffer, Ploneitis, Redel, Reil, Rilling, Rudolf, Sassack, Sauterel, Schauer, Schell, Schneider, Schulz, Strobel, Steckel, Syll, Tatlock, Trinkl, Utsching, Zierath, Zuber.

La colonia Quilaco se fundó por iniciativa de la “Sociedad Comercial y Ganadera Lanín” también en 1905, al interior de la zona de Pucón, con familias alemanas provenientes de Europa y de otras colonias alemanas de Chile, principalmente de Valdivia. En esta colonia encontramos a las familias Axt, Braatz, Batlen, Biesterfeldt, Dünkler, Goldammer, Holzapfel, Krause, Lüders, Rascheya, Salewski, Schlegel, Schultz, Stertz, Tesch, Tonk, por nombrar algunas.

Teodoro Schmidt, del año 1924, asociada a la empresa colonizadora del Budi, heredera de la empresa de Eleuterio Domínguez, donde destacan las familas Baumert, Bürg, Deck, Dover, Hausmann, Hermann, Hund, Lorenz, Streck, Wilhelm.

En la comuna de Freire, se destaca el tremendo aporte realizado por don Juan Schleyer Brand y sus descendientes, generando un polo de desarrollo agrícola, ganadero e industrial, que sin duda fue reforzado por la instalación de la colonia de Allipén, conformada por familias como: Beffermann, Brun, Diethelm, Fritz, Geisel, Gericke, Grovert, Horstmeier, Klotzske, Kunz, Nowayesky, Stand, Strobach, Weber, Zapt.

Hay que aclarar que las colonias de Nueva Transvaal, Faja Maisan y Quilaco, si bien actualmente sus territorios pertenecen a la Araucanía, corresponden a procesos colonizadores de la provincia de Valdivia, ya que esas localidades no pertenecieron a la provincia de Cautín, sino hasta el año 1927, cuando ya estaban establecidas. Por lo mismo, la revisión de esas colonias alemanas merece una publicación distinta. Recado para Armando Lefenda…

En este período voy a destacar como personaje icónico a don Carlos Thiers, que provenía de la zona de Puerto Octay y que junto a su hermano Enrique estuvieron desarrollando sus negocios relacionados con la producción triguera, aprovechando la aún alta demanda de harina, instalando ambos hermanos, sendos molinos, uno en Carahue, a cargo de Enrique, empresa familiar que aún existe, y el otro, a cargo de Carlos en la ciudad de Nueva Imperial, en donde, además, se dedicó a la fabricación de cerveza, a la agricultura, ganadería y explotación forestal en los fundos que fue adquiriendo, para finalmente a inicios del siglo 20, construir su casa habitación en Avenida Alemania en Temuco, la cual alberga actualmente al Museo Regional de la Araucanía.



Reitero mi humilde homenaje y agradecimiento a estas personas que nos enseñan con su ejemplo, que se pueden lograr muchas metas con esfuerzo y dedicación, en cada uno de los distintos procesos que debieron protagonizar estas familias, sorteando las dificultades propias del idioma, costumbres, idiosincrasia, clima y cambios políticos y sociales, para darle a su descendencia un futuro mejor que el que recibieron de sus padres.

REFERENCIAS

APPELT, EMILIO; ARCHIVO NACIONAL; COLOMA, PATRICIO; DÍAZ, PATRICIO; FAMILYSEARCH; GOOGLE EARTH; HECK, EDUARDO; HELD, EMILIO; HERMOSILLA, CLÍMACO; INSTITUTO GEOGRÁFICO MILITAR; KREBS, LISELOTTE; LEFENDA, ARMANDO; MELO, JOSÉ; MUTZEL, EDITH; PINO, EDUARDO; RIQUELME, JOSÉ; SERVICIO DE REGISTRO CIVIL E IDENTIFICACIÓN; SCHIFFERLE, PATRICIA; THIERS, FERNANDO; VENEGAS, SERGIO

ALEMANES EN LA FRONTERA PARTE III

 2° PERÍODO. LA COLONIA HUMÁN. 1858 – 1870.

Si bien fue casi paralelo al anterior, posee características que lo diferencian de la migración valdiviana y se trató en el fondo, de resucitar la idea de Pérez Rosales y del ministro Varas de traer colonos contratados al lado norte del río Bio Bio, situándolos a las afueras de la ciudad de Los Ángeles, hacia el oriente, en los llamados potreros de Humán, ubicados entre los ríos Quilque y Paillihue, con grandes zonas pantanosas de pitras y arrayanes, y algunos llanos donde pastoreaban los caballos del fuerte militar de la ciudad.

A esta colonia llegaron 3 veleros con colonos contratados, el Iserbrock en 1858, el Australia, a inicios de 1859 y el Inca, que era el mismo Iserbrook, pero ese viaje lo hizo bajo el este otro nombre, de la firma Cambiaso.

Las tres naves llegaron al puerto de Talcahuano, luego de un viaje de al menos 5 meses de duración, para luego ser traslados a su lugar de destino, algunos en carretas, y otros en balsas remontando el Bio Bio, hasta Nacimiento y de ahí, nuevamente en carretas hasta su destino en las afueras de Los Ángeles.

Como ya hemos visto en otros artículos, fueron 27 los colonos y sus familias contratados por el estado de Chile, establecidos en la Colonia Humán, provenientes de distintos orígenes, como Brandenburg, Silesia, Austria, Hesse, Bohemia, Sajonia, Westfalia, Pomerania y Hollstein, totalizando 209 personas que constituyen el núcleo fundador de esta colonia, a quienes se les entregó una superficie bastante menor que a los colonos de Llanquihue. Solamente 8 cuadras, equivalente a 12 hectáreas, y no hubo superficie adicional por hijo varón.

No estaban exentos de impuestos ni deberes militares, y debían en el plazo de 1 año, tener despejada y sembrada una cuadra de tierra y tener una casa construida, para lo que le pasaron 200 tablas y una fanega de clavos a cada colono. Eso, además de algunas herramientas básicas, una carreta, una yunta de bueyes, una vaca parida, que debían pagar en un plazo de 2 años junto con la mantención mientras limpiaban su potrero y construían su casa. No está de más decir que el pasaje se lo pagaron cada una de las familias. Es un comentario muy malintencionado decir que a estos colonos alemanes les regalaron todo. Nada de eso. Al contario. Tuvieron que pagarlo todo.


Los detalles de este proceso ya lo hemos visto en otros artículos de esta misma página, en donde nombramos a cada una de estas familias fundadoras:

Arturo Neumann: La colonia de Humán. El verdadero inicio de la colonización de La Frontera. (arturo-neumann.blogspot.com)

Arturo Neumann: 150 años de fundación de Colonia Humán, Los Ángeles, Chile. Parte I. (arturo-neumann.blogspot.com)

Arturo Neumann: 150 años de fundación de Colonia Humán, Los Ángeles, Chile. Segundo contingente. Parte II (arturo-neumann.blogspot.com)

Arturo Neumann: 150 años de fundación de Colonia Humán, Los Ángeles, Chile. Tercer contingente. Parte III. (arturo-neumann.blogspot.com)

A este grupo de colonos se les unió por matrimonio, otras familias importantes, como los Dittus, Fiebig, Frindt, Heck, Klapp, Massmann, Oberg, Palme, Rolack, Schick, Vyhmeister, entre otros, y tuvieron que dedicarse a convertir un terreno boscoso y pantanoso, que en verano era relativamente “fácil” de trabajar, en comparación con el invierno, en que prácticamente se inundaba toda la zona destinada a los inmigrantes, lo que no hizo muy fáciles los primeros años de esta colonia alemana.

Quienes hemos vivido a orillas del río Paillihue alcanzamos a tener alguna remota idea de cómo eran estas tierras en esa época.


A esta colonia la llamo también, la colonia olvidada, ya que rara vez es mencionada dentro del proceso de colonización alemana del sur de Chile, centrándose principalmente en Valdivia, Osorno y Llanquihue. Esperamos que este humilde artículo sirva para reivindicar la gran obra de desarrollo de estos colonos, además de servir de homenaje a nuestros ancestros.

El hecho es que estos colonos convirtieron a Los Ángeles de un pueblito olvidado de calles polvorientas, a un gran polo de desarrollo agrícola, ganadero, comercial e industrial, gracias al empuje de estas familias alemanas.

La idea del ministro Varas y de Pérez Rosales era convertir la zona en un polo de desarrollo que permitiera ir ocupando de norte a sur los territorios más al sur del Bio Bio, para encontrarse con el empuje colonizador de los alemanes de Valdivia de sur a norte. 

Pero estos planes se vinieron nuevamente abajo, gracias a, para variar, otro de los tantos despertares populares de nuestro querido país, esta vez representados por la segunda revolución liberal de 1859, que sumado al levantamiento indígena de ese mismo año, ocurrido no solamente en Chile, sino que también en Argentina y el posterior establecimiento del reino de Araucanía y Patagonia, dificultaron y demoraron el desarrollo de la actividad agrícola al sur del Bio Bio, alcanzando apenas a la zona de Mulchén, Santa Bárbara, Negrete y Collipulli.


Las familias alemanas que se establecieron en Mulchén fueron: Bährens, Berger, Decher, Geilenfeld, Karlin, Mayer, Oberg, entre otras.

En Santa Bárbara, destacan: Bächler, Holz, Müller y Schönfledt, todas irradiadas desde la Colonia Humán, que fue un polo de atracción que abarcaba más allá de lo industrial, comercial o agrícola, sino que también fue un punto de encuentro cultural, que atrajo a más familias de origen alemán, provenientes de los de más procesos colonizadores.

En este período quiero destacar especialmente la figura de don Carlos Heck, como gran impulsor del desarrollo de Los Ángeles en esa época.


Fue difícil escoger, ya que figuras como don Guillermo Vyhmeister, Federico Frindt, o incluso mi bisabuelo Luis Neumann, contribuyeron al desarrollo agrícola, industrial y comercial de la ciudad de Los Ángeles, pero fue don Carlos Heck quien aportó más notoriamente con los avances tecnológicos que situaron a esta ciudad como una de las de mayor crecimiento de esa época.

Además de ser dueño de varios fundos cercanos a la ciudad, don Carlos construyó uno de los molinos harineros más grandes y modernos del sur de Chile, rivalizando con los que más tarde instalaría Bunster en la zona de Angol y Traiguén, que además de poseer tecnología de punta para la época, brindaba a sus trabajadores de comodidades que casi ningún otro tenía en el resto del país. Esto es, viviendas de ladrillo, iluminación eléctrica, un sueldo asociado a productividad de la empresa, entre otras cosas.


Efectivamente, don Carlos Heck instaló las primeras turbinas eléctricas para mover los motores del molino, tecnología jamás vista, anterior a la central Chivilingo, considerada oficialmente la primera de Chile.


Estas turbinas también sirvieron para dotar de alumbrado eléctrico público, siendo Los Ángeles una de las ciudades pioneras en esta tecnología.

3° PERÍODO. TERRITORIO DE COLONIZACIÓN DE ANGOL. 1870 – 1882.

Para 1870 cambian los límites territoriales de la provincia de Arauco, pasando Los Ángeles a ser parte de la provincia de Bio Bio y siendo ahora Angol la nueva capital del territorio de la frontera.


En este período se abren los territorios al sur de Angol, para ser ocupado por colonos tanto nacionales como por extranjeros, encontramos con varios apellidos alemanes realizando transacciones comerciales en los registros notariales de esta ciudad: Aichele, Bährens, Birch, Broghammer, Brücker, Burgdorf, Dellinger, Dreves, Eichenrodt, Fritz, Gabler, Gleisner, Griewe, Hauser, Hess, Hoffmann, Horn, Hug, Ihl, Jacobs, Kind, Klapp, Kramer, Kressin, Kröll, Krumenaker, Martz, Michaelis, Mutel, Neumann, Nickelsen, Onfray, Rosenberg, Rothamel, Saerle, Schank, Schmidt, Schultz, Schwarzenberg, Simon, Smitmans, Stark, Voigt, Wegner, Wein, Wolleter, Yenstchik, Yunge.

En Los Sauces, encontramos apellidos alemanes tales como: Eichenrodt, Mergell, Ochmik, Schaub, Smitmans, Von Daelitz

En Lumaco nos podemos encontrar con: Bosman (holandés incorporado a la colectividad alemana), Czischke, Eichenrodt, Eskuche, Gundermann, Klapp, Kröll, Linke, Neumann, Rolack, Rückert.


Todos ellos provenientes de distintas partes, ya sea directamente del extranjero, de Concepción, Arauco o de las otras colonias del sur, incluyendo la de Humán, gracias al auge de las grandes extensiones de siembra de trigo para producción de harina, enormemente demandada en esa época aprovechado por el impulso de empresarios como, por ejemplo, José Bunster.


También en ese tiempo se produjo uno de los cambios tecnológicos más importantes de la agricultura chilena, siendo lo tradicional la trilla manual, con mucha mano de obra y uso de animales como, por ejemplo, la tradicional trilla a yegua el elemento tradicional que sería reemplazado por nuevas tecnologías, como la cortadora de trigo de tiro animal, que facilitó y aceleró las labores de cosecha, necesitándose además mucho menos mano de obra para cubrir la misma superficie. Eso, además de la incorporación de la trilladora estacionaria movida con la tecnología del vapor.


Bunster estableció una serie de molinos en el valle al sur de Angol, incluyendo esta ciudad, además de Collipulli, Renaico, Traiguén y más tarde Nueva Imperial, que significaron el motor del desarrollo de esa zona fronteriza.


En este período de colonización quiero destacar a mi bisabuelo Daniel Kröll, nacido en Silesia en 1841, hijo de padres provenientes del Tirol, quien llegó como colono junto a sus padres y hermanos a la colonia Humán, en donde fue agricultor, también trabajó de alarife con Teodoro Schmidt, mientras confeccionaba el plano de la colonia, ahí aprendió a usar el nivel topográfico. Posteriormente se trasladó a Angol, luego de venderle su parcela a su hermano Stefan, en donde se instaló una fábrica de cerveza, instaló un alambique con el que fabricó aguardiente, que mayoritariamente se la vendía al propio José Bunster, de ahí la frase de este último que dicen que decía, “yo he pacificado más la Araucanía con mi aguardiente, que el ejército con sus armas”. Cierto o no, en la práctica eso fue parte de lo que realmente ocurrió.


Se dedicó al comercio ambulante rural, firmó varios contratos de abastecimiento de materias primas para el ejército. También aprendió a “mover la challa”, es decir, en términos menos rústicos, fue buscador de oro, encontrando una de las pepitas más grandes de la época, de casi medio kilo, que terminó vendiendo en Valparaíso en 1892.


Y aunque no tuvo nada que ver con la construcción del viaducto del Malleco, sí tenemos la leyenda familiar de haber sido el primer personaje que cruzó el puente ferroviario a caballo, la noche del 18 de septiembre de 1890, un mes antes de su inauguración, huyendo de una paliza segura por haber laceado y derribado una ramada dieciochera con sus ocupantes aún adentro, porque se burlaron de él, porque no sabía bailar cueca.


Fue dueño de más de 3 mil hectáreas entre Lumaco, Purén, Angol, Traiguén, Los Ángeles, hasta Vilcún, llegando a tener más de 120 familias chilenas a su servicio, dedicándose principalmente a la producción de cereales, crianza de ganado, explotación forestal, para luego abandonar la región y retirarse a vivir a Los Ángeles a su casa ubicada en donde actualmente se encuentra el cuerpo de bomberos en la esquina de Avenida Ricardo Vicuña y O'Higgins, falleciendo finalmente en 1925.


Continúa en Parte IV

ALEMANES EN LA FRONTERA. PARTE II

 LA PRESENCIA ALEMANA

Ya definidas las distintas "Fronteras" y su dinámica espacial y temporal, vamos a revisar la presencia alemana en el territorio de La Frontera durante los distintos períodos y límites geográficos, para lo cual hemos dividido este proceso en 5 etapas distintas, cada uno con sus propias características.

1° PERÍODO. EL ÉXODO VALDIVIANO. 1851 – 1857.

Para mediados del siglo XIX, Valdivia era un reducto muy apartado y prácticamente abandonado por la administración centralizada en Santiago, constituyendo una suerte de colonia penal hacia donde deportaban a los disidentes y a los políticamente más revoltosos. Además, la mayoría de la población criolla local siguió apoyando la causa realista hasta bien entrado el período republicano, por lo que una vez incorporados a la fuerza a Chile, el gobierno central no tenía mucho interés en desarrollar este territorio, salvo tener presencia militar para ejercer soberanía.


En ese tiempo, Valdivia tendría no más de 2.500 a 3.000 habitantes, y al empezar la llegada masiva de colonos alemanes, gracias a la ley de inmigración selectiva de 1845, se produjo un notorio incremento en la densidad poblacional, que en el corto plazo, generaría una serie de problemas y sería la causa principal de que muchas familias alemanas abandonaron la zona de Valdivia ante el fracaso del proceso colonizador, al menos desde el punto de vista de la ocupación territorial para la explotación agrícola.

Distinto fue el caso de las familias dedicadas al comercio y a otros servicios y manufacturas, como molineros, fabricantes de cerveza, herreros, mueblistas, etc. La colonia alemana de Valdivia fue un éxito desde el punto de vista netamente comercial e industrial, pero un fracaso desde el punto de vista del asentamiento y ocupación de terrenos agrícolas.


Desde 1846, con la continua llegada de veleros provenientes de Europa, se produjo un brusco incremento en la demografía de la zona. Los colonos que llegaron en el “Catalina”, fueron instalados en el fundo Bellavista. Sin embargo, alrededor del año 1848, el Intendente de Valdivia declaró nulas todas las compras de tierras para instalar a los nuevos colonos, debido a inscripciones fraudulentas realizadas por agentes externos a la zona, con la finalidad de especular con la necesidad de tierras para establecer a los recién llegados, y también por la oposición de ciertos grupos de poder santiaguinos, que no querían la instalación de los colonos alemanes en el sur de Chile.


Este hecho, que apenas es mencionado en la historia del proceso colonizador, significó un grave problema para las familias de inmigrantes, algunas de las cuales fueron recibidas en casas o campos locales, pero otras debieron ser instaladas en los fuertes militares de Corral y Niebla, ya que seguían llegando veleros con más colonos, generando un tremendo problema de hacinamiento.

Lo concreto es que recién en noviembre de 1850, llegó a Valdivia Vicente Pérez Rosales, recientemente nombrado como Agente de Colonización, a hacerse cargo del problema, casi al mismo tiempo que llegó el velero Hermann trayendo a bordo a Carlos Anwandter, con todos los bríos y entusiasmo de la reciente revolución de 1848 en Europa.


Evidentemente, al encontrarse con estas condiciones inesperadas, Anwandter y otros colonos se entrevistaron con Pérez Rosales, de manera de averiguar qué iba a pasar con ellos, bajo las esas condiciones de estadía.

Fue producto de esa reunión en la que no es difícil asumir que Pérez Rosales se vio en la urgente necesidad de gestionar la adquisición de terrenos para instalar allí a los colonos más vehementes, para ir bajando la presión social que se le venía encima. Al menos así lo da a entender en su libro. Curiosamente es que, al poco tiempo, se adquiere la Isla Teja y allí se instalaron varias familias, entre ellas, las que más notoriamente reclamaron, encabezadas por Anwandter.

Los barcos seguían llegando con cada vez más familias alemanas a engrosar las condiciones de hacinamiento, sin que nadie del gobierno hubiese ido a medir terrenos y trazar senderos en el territorio del lago Llanquihue, que continuaba siendo una selva virgen.

Ya para noviembre de 1852, con la llegada del Susanne, la situación se tornó casi a nivel de estallido social, o levantamiento popular, con más de 1.300 personas en condiciones de hacinamiento, por lo que las autoridades chilenas decidieron adelantar el traslado de las familias primero a Ancud, y luego a la caleta de Melipulli, hoy, Puerto Montt, cuidadosamente escoltados por un par de barcos de guerra de la Armada, para instalar a los colonos en galpones improvisados, mientras se abrían los primeros senderos hacia el lago Llanquihue.


Así, con esa serie de improvisaciones y falta de planificación efectiva de parte de las autoridades locales y del gobierno central, se inició la colonización alemana de esa zona, con todas las vicisitudes propias de la historia de ese proceso en particular.

Un año antes, en noviembre de 1851, cuando ya habían alrededor de 600 personas viviendo cerca de 3 años en condiciones de hacinamiento, Pérez Rosales le había escrito a Antonio Varas, pidiéndole ayuda para solucionar el problema de disponibilidad de tierras en Valdivia. El ministro le contestó que por ahora no podía ayudarlo y que la única solución era el traslado de los colonos a Concepción, Laja o a los potreros de Humán en Los Ángeles y que por el momento se olvidara del proyecto de colonización de Valdivia.


Este traslado pudo perfectamente ser realizado, de no ser por un pequeño detalle, que fue la revolución liberal de 1851, que mantuvo bastante ocupadas a las autoridades centrales, ya que precisamente el General Cruz, uno de los revolucionarios, armó su ejército en la zona de Concepción y alrededores, lo que imposibilitó el incipiente proyecto de traslado de la colonia alemana.


Como ya la situación era insostenible, fueron muchas las familias alemanas que abandonaron la fallida colonia en Valdivia se trasladaron a otras ciudades de Chile, principalmente a Concepción, desde donde se distribuyeron por toda la zona fronteriza, convirtiéndose esta ciudad, a través del puerto de Talcahuano, en la Puerta Norte de la colonización de la frontera.

El posterior auge de Valdivia no se debió mayoritariamente a la agricultura como principal rubro productivo, sino más bien al desarrollo de las actividades de artesanos, que posteriormente derivaron en iniciativas más grandes, que la convirtió en uno de los desarrollo industrial y comercial más grandes del cono sur.

Así, en este período, en la ciudad de Concepción tenemos a varios alemanes que habían llegado a Valdivia en donde podemos encontrar a:

Fernando Barth, que llegó en el velero Alfred en 1852,

Federico Boettler, que llegó en el Victoria en 1851,

Juan Gebhardt, en el Hermann en 1852,

Luis Metzdorf, del Hermann en 1850,

Carlos Ochsenius, en el velero Bonito en 1851,

Federico Rueff, panadero que llegó en el Victoria en 1851, entre otros.

Obviamente también llegaron alemanes directamente de Europa o desde Valparaíso, pero dada la actividad comercial, Concepción se convirtió en un polo de atracción para varias de estas familias.

En Chillán tenemos actividad de ciudadanos alemanes desde muy temprano, como por ejemplo,

Jorge Anwandter, claramente proveniente de Valdivia,

Federico Lange, molinero que llegó en el Victoria en 1852,

Enriqueta Hartmann, llegó en el Susanne en 1852,

Más tarde se incorporarían Salomón Goldenberg y Juan Schleyer, como importantes comerciantes llegados directamente desde Alemania.

La actividad de inmigrantes alemanes en Chillán fue de gran notoriedad desde muy temprano, ya que esta ciudad contó con el segundo Club Alemán más antiguo de Chile, fundado en 1859.

En Coronel tenemos muchísima actividad de alemanes o descendientes de ellos, muchos llegados primero a Valdivia.

Pedro Claussen, marinero del Horizont, que llegó en 1855,

Juan Gebhardt, sus padres llegaron en el Hermann en 1852,

Mauricio Gleisner en el Alfred en 1852,

Elena Hacker en el Melissa en 1853,

Jorge Haid en el Vesta en 1857,

Carlos Hensel en el Horizont en 1855,

Los padres de Andrés y Julian Hermann llegaron en el Middleton en 1849,

Federico Hohmann en el Helene en 1863,

Andrés Kühl en en New Ed en 1854,

Carlos Krause en el Australia en 1852,

Gustavo Lange en el Hermann en 1850,

Carlos Neumann, sus padres llegaron en el Susanne en 1850. Su tío Julio aparece por Copiapó en 1859,

Carlos Ochsenius de nuevo, lo vimos antes en Concepción. Llegó en 1851 en el velero Bonito,

Alberto Thater en el Rehierstieg en 1857,

Cristóbal Weiss, herrero que llegó en el Australia en 1852,

Guillermo Windnagel, carnicero que llegó en el Alfred, también en 1852.

En fin, mucha gente que se radicó o tuvo actividades comerciales o de manufactura, gracias al desarrollo de la minería del carbón en las costas de Arauco, y que significó la oportunidad de desarrollo de muchas familias alemanas.

En Lebu, también asociado al empuje de la minería carbonífera, encontramos a varios alemanes valdivianos, como, por ejemplo,

Hermann Bawlitza, que llegó en el Cesar un Helene en 1856,

Santiago Ebensperger en el Alfred en 1852,

Emilio Rauch, posiblemente en el Rehierstieg en 1855,

Otto Roestel en el Wandrahm en 1872,

Augusto Schliebner y su padre Fernando en el Alfred en 1856.

En Cañete, encontramos a:

Juan Krause, que llegó en el Grassbrock en 1854,

Alberto Schroeder en el Wandrahm en 1857, emparentado con los Minte de Puerto Varas.

Alberto Schliebner y su hermano Augusto, que los encontramos en Lebu, llegaron en el Alfred en 1856.

Al otro lado de la cordillera de Nahuelbuta, Nacimiento se presentaba como una plaza fuerte con gran actividad comercial fronteriza. Aquí encontramos nuevamente a:

Mauricio Gleisner, en el Alfred en 1852,

Jorge Hoffmann posiblemente en el Susanne en 1852,

Enrique Schönfeld, en el Wandrahm en 1857.

Los Ángeles, otra ciudad fronteriza de ese tiempo, muy atrasada, pero con gran actividad comercial. Aquí llegaron procedentes de Valdivia:

Luis Betz, que llegó en el Victoria en 1851,

Felipe Eisenberg, del Wandrahm en 1872,

Jorge Fritz, también del Wandrahm, pero de un viaje anterior en 1857,

Germán Hantelmann llegó en el Hermann en 1850,

Federico Horn, en el Rehierstieg en 1857,

Agustín Köhler en el Grassbrock en 1854,

Agustín Krämer, sus padres llegaron en el Catalina en 1846,

José Palme, en el Grassbrock en 1856,

David Schaufell en el Helvetien en 1854,

Juan Gaspar Schick, en el Middleton en 1850,

Jorge Stöber en el Henriette en 1853,

Federico Vyhmeister y su hijo Guillermo llegaron en el Wandrahm en 1857, a Puerto Varas, pero en 1867 se trasladaron a Los Ángeles.

Víctor von dem Busche, en el Iserbrook en 1860.

Es bastante extensa la lista de alemanes presentes en el territorio fronterizo de ese período de migración, procedentes de la fracasada colonización de Valdivia.

Reitero que la escasa o nula disponibilidad de tierras para asentar a los colonos alemanes, los obligó a los menos, a regresar a Europa, y a no pocos, a buscar mejores oportunidades en otras partes del país, siendo principalmente las zonas de Concepción, Arauco y Bio Bio, las más generosas en recibirlos.

En este período quiero destacar como personaje icónico, a don Mauricio Gleisner, quien como vimos anteriormente, llegó a Valdivia en 1852, y no a Valparaíso como aparece en algunos artículos de prensa, y aprendió el oficio de curtidor en una curtiembre de Talcahuano.


Luego que su patrón falleció, aprovechando sus habilidades y la escasa indemnización que recibió por el cierre de la empresa, se traslada a Nacimiento, en donde estableció una curtiembre y una tienda de mercaderías, y posteriormente una fábrica de jabones, aprovechando el empuje comercial de la zona fronteriza, negocio con el que amasó una importante fortuna que le permitió en 1872 asociarse con Wolrad Schumacher para crear la firma Gleisner y compañía fijando su domicilio posteriormente en Concepción, con una de las casas comerciales más importantes de Chile, en donde se podía encontrar desde agujas, hasta motores a vapor y máquinas trilladoras.


El edificio de esta casa comercial en el centro de Concepción quedó muy dañado después del terremoto de 1939 y luego sufrió un incendio que obligó a su demolición.


Don Mauricio falleció en 1899 en Alemania, dejando un gran legado al desarrollo regional en la zona de Concepción, Arauco y Bio Bio.


9 de enero de 2023

ALEMANES EN LA FRONTERA. PARTE I

 

Una aproximación a los límites territoriales

y la presencia alemana entre las zonas de los ríos Bio Bio y Toltén

INTRODUCCIÓN

Tras una larga ausencia en esta plataforma, voy a retomar las publicaciones incorporando algunos trabajos que he expuesto de manera virtual en distintas instancias. Como saben, debido a la pandemia de COVID, hubo restricción a los eventos grupales, siendo reemplazados por video conferencias, una de las cuales transcribo en el presente artículo.

Este trabajo fue presentado primero, de manera presencial, para el Día de la Inmigración Alemana, organizado por la Biblioteca y Archivo Histórico Emilio Held Winkler, de la Liga Chileno Alemana, en agosto de 2019. Posteriormente, y de manera virtual, mediante video conferencias, para la agrupación “Viva la Genealogía” en 2021 (Reunión Virtual Viva la Genealogía - Alemanes en la Frontera (04/08/2021) - YouTube), luego, para el Instituto de Investigaciones Genealógicas “ICHIG”, también para el programa de radio La Hora Alemana, gracias a la gestión de don Patricio Coloma y la agrupación GEDDGEN, en 2022 (Alemanes en la Frontera :: Arturo Neumann - YouTube), entre otras instancias.

LOS CAMBIOS DE LA FRONTERA

Lo habitual para nosotros es asociar el concepto de La Araucanía como sinónimo de La Frontera, pero desde el punto de vista al menos de nuestros investigadores, esto está bastante lejos de la realidad, ya que el territorio de anteriormente llamada “Novena Región”, es el resultado de una serie de “podas” en “injertos” que resultaron en la actual Región de la Araucanía.

Primero vamos a revisar el concepto de “Frontera”, que es el que está en la mente de la mayoría de las personas y que se manifiesta en opiniones en artículos, libros y redes sociales, y la evolución de sus principales límites territoriales a lo largo de la historia republicana.

Se nos ha hecho creer, y en opinión de una gran mayoría de personas, que el territorio comprendido entre los ríos Bio Bio y Toltén era una zona inexpugnable y específicamente su frontera norte, el río Bio Bio consistía en una barrera infranqueable en la que por un lado estaban los blancos y por el otro, los mapuches.

Nada más lejos de la verdad, por cuanto en territorios ubicados al sur de este río, ya sea en la zona del actual Arauco, o en la zona al sur de Nacimiento y Negrete, había muchísima actividad comercial y además, ya existían contratos de arriendos entre criollos y mapuches, en épocas más antiguas que la República de Chile, incluso anteriores al año 1800.


Por otro lado, no eran poco frecuentes las incursiones de mapuches al norte del río Bio Bio, en sus tradicionales “malones”, para hacerse presa de botín y de mujeres criollas y españolas que pasaron a formar parte del acervo genético de toda la etnia mapuche actual.


Eso, además de la existencia de un continuo comercio entre ambas partes, del cual son testigos ocultados por la historia, lugares tales como Hualqui, Talcamávida, Santa Juana, Rere, Nacimiento, entre otras localidades, sin dejar de mencionar la labor evangelizadora de la iglesia católica y su red de parroquias, capillas y conventos desplegados por todo el territorio al sur del Bio Bio desde prácticamente todo el período colonial chileno.

¿De dónde viene entonces, este “mito” del río Bio Bio como frontera norte de los territorios mapuches y la República de Chile? Sus defensores sostienen actualmente como argumento jurídico el Parlamento de Tapihue en 1825, según varios historiadores, el primero celebrado entre el pueblo mapuche y la República de Chile, aunque anteriormente en 1811 y 1813 lo hicieran las fuerzas patriotas y en 1824 hubiera un intento de tratado.


El caso es que, por un lado, no existía una unidad política entre mapuches (hoy tampoco), presentándose el cacique Mariluán como representante de 14 reducciones/comunidades/lof, como queramos llamarle, pero no de TODOS los mapuches.

Por otro lado, el tratado de Tapihue carece de toda validez jurídica, ya que, de acuerdo con la Constitución de 1823, vigente en esa época, todos los tratados con extranjeros solamente debían ser firmados por el Director Supremo, a la fecha, don Ramón Freire Serrano, sin ninguna delegación o representación. O sea, debía estar él presente y en este caso no fue así. La acción la encabezó el coronel Barnechea, por instrucciones de Freire, contraviniendo lo expresado en la Constitución.

Otro punto relevante indicado en la Constitución de 1823, es que todo tratado con extranjeros, debía ser ratificado por el Congreso Nacional, y en esta oportunidad, tampoco ocurrió así, ya que el tratado de Tapihue fue firmado el 7 de enero de 1825 y la constitución de 1823 fue derogada el día 10 de enero del mismo año, o sea, 3 días después. Por tal razón, al no haber claridad legislativa, nunca se ratificó este tratado por el Congreso Nacional, quedando en el vacío legal que invalidó su representatividad como tratado.

El hecho de que no lo haya firmado el Director Supremo y que no haya sido ratificado por el Congreso, hacen que el famoso tratado de Tapihue sea jurídicamente inválido y en la práctica es solamente una declaración de buenas intenciones, consecuencia negativa de nuestra tradicional costumbre de andar cambiando constituciones a cada rato.

LÍMITES TERRITORIALES

Para circunscribirnos al período de la presencia alemana en estos territorios, en el año 1852 se creó la Provincia de Arauco, con los límites territoriales del río Laja hasta su confluencia con el Bio Bio, y de ahí hasta el océano, por el norte, toda la costa hasta la desembocadura del río Toltén hasta su nacimiento en el lago Villarrica y de ahí hasta los contrafuertes cordilleranos que constituían la indeterminada frontera oriental, y cuya capital fue la ciudad de Los Ángeles.


Luego, para el año 1861 se fundaron los fuertes de Negrete y Mulchén en la llamada línea del Renaico, quitándole la importancia al río Bio Bio como línea fronteriza. 


Esta acción se generó a causa de las actividades de Orllie Antoine de Tounens, quien fuera proclamado Rey de la Araucanía, pretendiendo instaurar el control de todos los territorios al sur del río Bio Bio, por el lado chileno, y al sur del río Colorado por el lado argentino. Todo lo anterior, con el secreto apoyo del emperador Napoleón III, que, al parecer, fue enviado en misión de corso por el imperio francés, con promesas de apoyo militar y naval, en respuesta por haber perdido el control del Estrecho de Magallanes 9 años antes en manos de la República de Chile.


Esto hace que el gobierno chileno, ante el peligro de perder continuidad territorial, decida ocupar los territorios de la Frontera, en distintas oleadas en la denominada Guerra de Arauco. Es así como para 1870 se establece la línea del Malleco con una serie de fortificaciones a lo largo de este río y con ocupación militar hasta el cauce del río Cruces y parte del río Toltén, hasta el lago Villarrica.


Posteriormente tenemos la línea del río Traiguén en 1878, avance que fue interrumpido por la Guerra del Pacífico. 


Luego se estableció la línea del río Cautín en 1881, y la línea del río Toltén en 1883, con más fortificaciones a lo largo y ancho del territorio, reforzando los emplazamientos militares alrededor de Cunco, Villarrica y Pucón, para controlar los pasos cordilleranos hacia y desde Argentina.



Para 1887 el territorio de La Frontera estaba compuesto por las reducidas provincias de Malleco y Cautín, a las que recién en 1927 se les anexó una parte del territorio norte de la provincia de Valdivia, entre el río Toltén y el Cruces, para finalmente formar parte de la IX Región en 1974, actualmente denominada Región de la Araucanía.

Como se puede apreciar, los conceptos de Araucanía y Frontera son completamente distintos y obedecen, según nuestro criterio, a procesos históricos bien diferenciados a lo largo del tiempo. Por lo mismo, no podemos llamar exclusivamente al período de colonización de La Frontera como tal, sin considerar el contexto temporal e histórico, que en cerca de 30 años tuvo grandes modificaciones.

Continúa en parte II

3 de abril de 2020

LA FAMILIA THIERS


ORÍGENES DOCUMENTADOS, DESCENDENCIA EN CHILE
Y SU RELACIÓN CON OTRAS FAMILIAS DE COLONOS ALEMANES

En el contexto de las investigaciones sobre genealogía e historia familiar que me ha tocado realizar, siempre suelen aparecer hallazgos interesantes que normalmente cambian la visión o las creencias que suelen heredarse de generación en generación, pasando a constituir verdaderas leyendas familiares o al menos resultan ser paradigmas con los que se debe convivir.

Lo que más me ha llamado la atención estos últimos años, es la relación familiar, de amistad o de vecindario que existió entre algunos de los inmigrantes que llegaron en el proceso de colonización alemana del sur de Chile. Pensar que cada familia llegó por su cuenta y luego de establecidos en su lugar de destino recién entablaron amistades o relaciones, es uno de esos errores u omisiones que no siempre son analizados en su verdadero contexto. Un ejemplo de ello es el caso de la familia THIERS y su relación familiar con otros pioneros que se establecieron en distintos lugares del país.

Aunque la primera vez que me encontré con este apellido fue en el trabajo de mi tío Alberto Neumann en 1988, no le puse mayor atención en mi búsqueda posterior, salvo la descendencia de mi tía bisabuela Bertha Neumann Klaas y su marido Carlos Thiers Püschel, siendo él hijo del colono Cristino Thiers y de Ernestina Püschel Felsmann. Más allá de esos datos, no fueron de mi interés los antecedentes del origen de esa familia.

Más tarde, al encontrar un suplemento del Diario Austral de Temuco, referente a familias de la Araucanía editado el año 2010, en donde se menciona que don Carlos Thiers Püschel era hijo de Cristino Thiers LOTH. En ese instante se despertó mi curiosidad, ya que precisamente el apellido materno de don Cristino era el mismo apellido materno de la mamá de mi tatarabuelo: Dorothea Püttcher LOTH.

Sospeché de inmediato alguna relación familiar, debido a que ese apellido no era muy común en Alemania y además se conectaron algunos antecedentes sueltos que había leído. Específicamente un par de líneas en el diario de mi tatarabuelo Ludwig Neumann Püttcher, relatando parte de un evento ocurrido en su niñez en el año 1840: “… apareció el cuñado TIER, el esposo de la hermana de mi madre, que había enviudado hace un tiempo…” Esa primera pista me convenció de la existencia de una relación familiar por línea materna entre mis ancestros y la familia THIERS. Sin embargo, pasarían muchos años antes de ver resuelta la interrogante.


“…erschien der Schwager Tier. es wahr meine Mutters Schwesters Mann. er wahr schon einige zeit Witwehr…”
Revisé varios artículos chilenos referentes a la familia THIERS en donde destaco el blog http://losthiersenlaaraucania.blogspot.com/ del año 2009, basado en una entrevista a Hernán Thiers Díaz, de donde pude extraer algo más de información:
“A finales del año 1855 hace su llegada a Chile en el barco “Reiherstieg” (Cristino Thiers Loth viaja a Chile en el “Hermann” en el año 1854 y es su hermana Dorothea quien viaja junto a su familia en el “Wandrahm” en 1856) un joven Prusiano de profesión Técnico Cervecero, llamado Christian Thiers Loth. En su largo viaje a Chile solo lo acompaña su hermana Dorotea Elizabeth Thiers.”

“Al primer lugar que llega en Chile es en la provincia de Valdivia, luego se traslada a Puerto Montt donde ejerce de agricultor en una chacra que adquiere en la localidad de Chamiza.”

“En 1859 contrae matrimonio en Puerto Montt con doña Hernestine Püschel Felsman, ella al igual que él es natural de Prusia.”

“Los Thiers vivieron en Francia, eran protestantes, en el contexto de las persecuciones religiosas emigraron a Alemania. Ahí nace una rama alemana en la familia Thiers. Específicamente en el lado norte alemán. Aún en Francia quedan viviendo Thiers. No así en Alemania (Ese dato es incorrecto. Aún viven muchos Thiers en Alemania).”

“En 1860 aproximadamente (específicamente 1854), llega Cristian Thiers Loth a Valdivia, él era técnico cervecero, luego se va a Puerto Montt e instala una fábrica de cerveza., un hotel y compró una chacra en el sector de Chamiza. Ahí tuvo varios hijos. Dos de esos hijos se vinieron a esta zona (Imperial, Carahue), Carlos, quién se avecindó en Nueva Imperial, y Enrique que se vino a Carahue.”
Más allá de esa información y resumiendo años de búsqueda infructuosa o pistas sin ningún valor documental, dejé de lado la opción de investigar respecto del apellido THIERS hasta que en 2012 me contactó el investigador Mauricio Hipp para solicitarme antecedentes de la descendencia Thiers Neumann, para su libro “Familie Püschel 1856 – 2012”.

Nuevamente intentamos encontrar algún documento de Alemania que vinculara al misterioso “cuñado Tier” con el colono Cristino Thiers Loth, pero tampoco tuvimos suerte. La única fuente documental adicional respecto de esa familia era un libro conmemorativo de la reunión de los THIERS en Puerto Octay realizada el año 2000, en donde se indica en una bella prosa, el origen francés de la familia, el viaje de Cristino y su hermana Dorothea a Chile y el posible vínculo de la familia con el político francés Adolphe Thiers (1797 – 1877), el cual desde el punto de vista genealógico, al no existir documentación fundante, carece de todo sustento, más allá del alcance del apellido.

Posteriormente, en el documento “Casa Thiers, sede del Museo Regional de la Araucanía” de Carlos García Reske y de Cristian Rodríguez Domínguez (https://docplayer.es/76508873-Casa-thiers-sede-del-museo-regional-de-la-araucania.html), se indica lo siguiente:

“El apellido Thiers proviene del poblado francés del mismo nombre. Luego de la revocación del edicto de Nantes en el siglo XVII, la familia debió huir hacia Alemania, como la mayoría de los hugonotes, quienes se radicaron principalmente en Suiza, Inglaterra, Prusia y los Países Bajos.”

“En octubre de 1854, el joven tonelero prusiano Christian Thiers Loth (1829-1897) y su hermana Dorothea llegaron a Valdivia desde Hamburgo, a bordo del barco Hermann.” Se repite el error de creer que los hermanos Thiers Loth llegaron juntos en el mismo barco.

“En 1856, Christian y Dorothea se trasladaron a la zona de Chamiza en Puerto Montt, donde recibieron la chacra N°2, en la que abrieron una fábrica de cerveza y, luego, un pequeño hotel. Tres años más tarde, Christian se casó en Puerto Montt con Ernestine Püschel Felsmann, también de origen prusiano, con quien tuvo cinco hijos.”

Entonces, para desentrañar el esquivo origen de don Cristino Thiers Loth, recurrí a las fuentes documentales conocidas, la primera, los “Documentos sobre la Colonización del sur de Chile” de Emilio Held Winkler, quien indica claramente que Christian Thiers viajó en el velero “Hermann” en 1854 y su hermana Dorothea, en el “Wandrahm” en 1856.

No existe una lista de pasajeros específica del Hermann en su viaje de 1854, pero sí aparece Christian THIER en el índice de ese año, indicando como destino la ciudad de Valdivia y su origen en la localidad de GROTTLEBEN en Prusia.


Los otros documentos fundantes respecto de don Cristino Thiers son el registro de matrimonio con Ernestine Püschel el 27 de julio de 1859 en Puerto Montt, y el registro de defunción emitido en la ciudad de Carahue, región de la Araucanía, indicando su fallecimiento en la misma ciudad el 15 de abril de 1897. Esta defunción la inscribió su hijo Carlos Thiers Püschel, comerciante en la ciudad de Nueva Imperial.

Registro de matrimonio de Cristino Thiers y Ernestina Püschel, Puerto Montt, 27 de julio de 1859.

En este registro se indica claramente que los padres de Cristino son Cristino Thiers y Dorotea LOTT.

Registro de defunción de Cristino Thiers, emitido por el Registro Civil de Carahue el 16 de abril de 1897.

En este registro de defunción, sin embargo, aparece una inconsistencia respecto del apellido materno de don Cristino. Su hijo Carlos lo inscribe como VÜMEISTER y no como LOTH. Incluso en la placa que se encuentra en su tumba en el cementerio de Carahue, puede leerse claramente el nombre Cristino Thiers VIMEISTER.



Entonces, ¿cuál era el apellido materno de Cristino Thiers?

Ya era hora de recurrir a los archivos alemanes en búsqueda de documentos fundantes que determinaran el origen de los Thiers en Chile.

Lo primero, buscar en la localidad de GROTTLEBEN en Alemania. Según el documento de Emilio Held, está ubicada en la zona de Magdeburg, así es que busqué todo lo referente a ese lugar en mapas antiguos y en información complementaria en la web y…

… no encontré en ninguna parte algún lugar llamado Grottleben, salvo un castillo en ruinas en las orillas del lago Constanza en la frontera con Suiza. Nada en la zona de Magdeburg.

Asumiendo que el nombre del lugar estaba mal escrito, repetí la búsqueda en los alrededores de Magdeburg y lo más parecido que encontré fue una aldea llamada GROBLEBEN, distante a poca distancia de la ciudad de Stendal, al norte de Magdeburg.



Utilizando la herramienta de búsqueda de registros de la página FAMILYSEARCH, pude acceder a los registros de Grobleben entre 1808 y 1874, margen de tiempo prudente que pudiera buscar datos de don Cristino.



Revisé concienzudamente cada uno de los registros de los libros de nacimientos, matrimonios y defunciones de Grobleben, hoja por hoja, línea por línea y…

… no encontré a ningún THIERS…

PERO… anteriormente, en mi investigación sobre los NEUMANN de Stendal, además del mencionado diario de mi tatarabuelo, había encontrado otro documento que mencionaba el apellido THIER, por lo que lo revisé con más atención. Se trata del registro de nacimiento de Friedrich, hermano mayor de mi tatarabuelo, el 26 de abril de 1827, hijo de Jacob Neumann y de Dorothea Püttcher LOTH. En dicho documento se indica como padrino y testigo al maestro sastre Christian Thier, domiciliado en el pueblo de HÜSELITZ, situado a unos pocos kilómetros de Grobleben.

Registro de nacimiento de Friedrich Neumann, Stendal, Magdeburg, 26 de abril de 1827. Corresponde al número 17.


Detalle de padrinos y testigos del bautizo de Friedrich Neumann. En el número 6, Christian Thier, Schneidermeister in HÜSELITZ.

Y precisamente ese era el lugar.

Utilizando la misma metodología, revisé los documentos de Hüselitz entre 1808 y 1874, y como era de esperar, encontré a varios THIER inscritos en los registros de nacimiento, matrimonio y defunción, por supuesto, también a nuestro Cristino con su nombre completo en alemán, Johann Christian Thier, nacido el 8 de junio de 1829, hijo de Johann Christian Thier y de Friederike Dorothea Lucie LOTH, confirmando lo indicado años más tarde en su registro de matrimonio de Puerto Montt.


Registro de nacimiento de Cristino Thiers Loth, Hüselitz, distrito de Stendal, Magdeburg, 8 de junio de 1829. Claramente se ve en el número 4 del registro de padrinos y testigos a Jacob Neumann de Stendal, padre de mi tatarabuelo.

Respecto de la localidad de Hüselitz, su mención más antigua data del año 1242 en el “Codex Diplomaticus Brandenburgensis” de Adolph Friedrich Riedel, como una parroquia perteneciente a la doctrina de Stendal, construida sobre ruinas romanas. La zona fue poblada por diversas tribus germanas y eslavas, destacándose los antiguos Wenden o eslavos de habla alemana.




Actualmente la ciudad pertenece al distrito de Tangerhütte, siendo su actividad principalmente la agricultura.

En libros de registro de la iglesia de esta ciudad encontré el matrimonio de Christian Thier con Dorothea LOTH con fecha 3 de marzo de 1822.

Registro de matrimonio de Johann Christian Thier y Friederike Dorothea Lucie Loth, Hüselitz, distrito de Stendal.

En el documento se puede leer que el novio de 21 años es hijo del obrero Johann Christian Thier y de Anna Dorothea Möring y que para esa fecha su padre estaba fallecido.

Por otro lado, en las anotaciones correspondientes a los padres de la novia, estaba la pista faltante que me llevaría a determinar la relación entre las familias Thiers y los Neumann de Stendal.

El texto se traduce como “hija extramatrimonial de Marie Dorothee LOTH, actualmente esposa de Andreas Borstel en Lüderitz.”

Y precisamente a esta Maria Dorothea LOTH sí la conocía perfectamente. En efecto, se trataba de la abuela materna de mi tatarabuelo Ludwig Neumann Püttcher y que se había casado en Stendal con el mencionado Andreas Borstel.

Registro de matrimonio de Andreas Borstel y Marie Dorotea LOTH, Stendal, 23 de octubre de 1818.

En ese registro de matrimonio existe otra anotación referente a la novia, que es la siguiente:

Geschieden von dem Tabakkspinnermeister, Johann Friedrich Viehmeister am Tangermündes Thor der sich im Jahr 1813 wieder verheiratet hat. “Divorciada del maestro hilandero de tabaco Johann Friedrich Viehmeister, quien se casó nuevamente en 1813.”

Precisamente esta nota nos daría una nueva línea de investigación y que vincularía a la familia Thiers, no solamente a los Neumann de Stendal, sino que también a la familia VYHMEISTER, ya que el padre del colono Johann Friedrich Vyhmeister avecindado en Puerto Varas efectivamente contrajo matrimonio en la ciudad de Stendal el 22 de agosto de 1813.

A pesar de haberse casado con Andreas Borstel, Dorothea Loth falleció usando el apellido Viehmeister, como se comprueba en su registro de defunción, fechado en la ciudad de Stendal el 24 de diciembre de 1840.

Registro de defunción de Marie Dorothea Loth, St. Jacobikirche, Stendal.

Esa es también la razón de por qué la defunción de Cristino Thiers fue inscrita con el apellido materno “Vimeister” y no “Loth”.

De los otros documentos encontrados en Hüselitz, se destacan los siguientes, en orden cronológico:

- 14 de octubre de 1819; defunción de Johann Christian Thier, abuelo de Cristino.



- 28 de julio de 1822, nacimiento de Dorothea Elisabeth Thiers, hermana de Cristino.



- 22 de diciembre de 1837, defunción de Friederike Dorothea Lucie Loth, madre de Cristino.


Este documento corrobora lo afirmado por mi tatarabuelo en 1840, quien indicó que el cuñado de su padre, de apellido Thier, había enviudado hacía poco tiempo.


- 20 de julio de 1842, matrimonio de Dorothea Elisabeth Thiers, hermana de Cristino, con Carl Daniel Reppin.



- 13 de abril de 1841, nacimiento de Dorothea Elisabeth Reppin, quien viajó a Chile con sus padres en 1856.



- 3 de marzo de 1854, defunción de Johann Christian Thiers, padre de Cristino.


Ese mismo año, luego de la muerte de su padre, Cristino Thiers decide emigrar hacia Sudamérica, embarcándose en Hamburgo en el velero "Hermann", con destino a Valdivia.

Por supuesto, hay muchos otros documentos referente a la familia Thiers en Hüselitz, incluyendo primos, tíos y otros ancestros de Cristino, pero de ellos rescaté los más relevantes para esta investigación.

A la fecha, solamente he podido encontrar a seis de los ocho bisabuelos de Cristino Thiers, indicados en el siguiente árbol genealógico.



Marie Dorothea Loth. Matriarca de tres familias.

Marie Dorothea Loth, es el punto de inicio de una larga descendencia de familias alemanas establecidas en distintas partes de Chile. Nacida en la localidad de Nahrstedt, distrito de Stendal, Magdeburgo, al parecer fue una dama bastante adelantada a su época, por cuanto además de poseer propiedades, siendo dueña de la casa 756 en la Viehthor Strasse en la ciudad de Stendal, también se preocupó de acoger a su progenie cuando ésta pasaba por dificultades económicas, o para atender sus necesidades de afecto. Esto se puede corroborar la revisar los censos de población, en donde se observa un desfile de parientes viviendo en la casa, con el correr de los años.

Su casa pasó finalmente a ser propiedad de la familia Neumann Püttcher, la cual fue vendida en 1859 para costear el viaje a Chile de todo el grupo familiar, compuesto por los padres, Johann Jacob y Dorothea, sus cuatro hijos, Friedrich, Wilhelmine, Ludwig y Julius con sus respectivos cónyuges, y sus nietos, Wilhelmine, Anna, August, Ludwig y Julius.

La descendencia de Marie Dorothea Loth puede extenderse hasta la actualidad y se centra en tres de sus cinco relaciones de pareja que he podido rastrear hasta hoy.

1.- Matrimonio con Johann Heinrich Friedrich Buettcher. De esta relación nació una hija, Marie Dorothea Püttcher Loth, quien se casó en 1816 con Johann Jacob Neumann Raneberg, quienes a su vez emigraron a Chile en 1859, estableciéndose en la colonia Humán en Los Ángeles, con descendencia en las familias Neumann, Kröll, Schulz, Weldt, David, Pfau, una rama de los Klapp, Bishop, entre otros.


2.- Una relación extramatrimonial de la cual nació Friederike Dorothea Lucie Loth, esposa del sastre Johann Christian Thiers, con quien tuvo dos hijos que emigraron a Chile, Cristino Thiers en 1854 y Dorothea Elisabeth Thiers en 1856, estableciéndose en Puerto Montt. Ambos hermanos dejaron descendencia en las familias Thiers, Reppin, Braemer, Temme, Messing, Keim, Valentin, Berndt, entre otros.


3.- Matrimonio con Johann Friedrich Viehmeister, con quien tuvo dos hijos, Catherine Elisabeth y Johann Friedrich Viehmeister Loth. Este último emigró a Chile junto a su esposa y sus hijos en 1856, estableciéndose en Puerto Varas, con descendencia en las familias Vyhmeister, Dietz, Frindt, Meissner, Kowald, Nickelsen, Michael, entre otros.


De estas tres ramas familiares, tenemos una numerosa descendencia que en términos numéricos, 1.379 personas corresponden a la familia Thiers, 1.683 a la familia Vyhmeister y 3.060 a la familia Neumann de Los Ángeles, sumando a 6.122 personas a la fecha.

Gráfica del árbol genealógico de la descendencia de Marie Dorothea Loth, con 10 generaciones entre 1792 y 2020.

La investigación genealógica no solamente es una técnica de buscar y ordenar ancestros, nos permite el descubrimiento de una historia desconocida o más bien olvidada, cuyo afán ha sido salir a la luz nuevamente, dejando al descubierto una serie de antecedentes que nos permiten tener una vaga idea de cómo era la vida de nuestros antepasados, sus tribulaciones, penas y alegrías, su rol, por pequeño que fuese, en una sociedad tan distinta a la nuestra, con sus creencias y supersticiones, sus éxitos y fracasos tanto en lo familiar como en lo económico, habiendo sido testigos de plagas, guerras, cambios históricos, ya sea como protagonistas o como espectadores.

Hacer genealogía es acercar a una comunidad a un origen compartido, en donde no tienen importancia ni las creencias ni los dogmas que profesan los descendientes. Lo importante es saber que existe un vínculo de sangre que nos une y que, si hoy somos unos perfectos desconocidos, mañana podemos ser primos en tercer, cuarto, quinto o décimo octavo grado. Solamente falta descubrir el ancestro común.

En este caso, descubrir la descendencia de la abuela materna de mi tatarabuelo, me permitió generar un vínculo con más de seis mil personas, algunas pocas de las cuales ya conocía, pero hay muchas otras más por conocer, cada una con sus ideas, cosmogonías y tradiciones, propias de sus historias particulares, pero con las que de una u otra forma, sin saberlo, estamos unidos. A eso le podemos llamar con justificada razón, una verdadera Comunidad.

Aprovecho de agradecer a Fernando Thiers Huenchun, por darme la oportunidad, junto al equipo de la Sociedad Genealógica e Histórica de la Araucanía (HISGENEA), de participar en el encuentro 2020 de la familia Thiers, realizado en Carahue. Fue una experiencia gratificante conocer a mis “nuevos” parientes en esta búsqueda frenética de antepasados.


Araucanía, Abril 3 de 2020